Pretorianos, protectores o verdugos!!

Quizás el cuerpo de élite más famoso conocido, la guarda pretoriana estaba compuesta por los mejores soldados a los que se remuneraba de forma muy generosa y cuya función era esencialmente la protección del emperador a quien debían lealtad hasta la muerte, pero… la muerte ¿de quién?

Y es que en numerosas ocasiones su fidelidad distó mucho de ser completa, como muestran las constantes conjuras y sublevaciones que protagonizaron hasta su desaparición en el siglo IV.  Así que, si bien de ellos dependía la seguridad personal de los emperadores, también llegó un punto en que, tal era su poder, que eras ellos los que  los proclamaban y deponían a su antojo.

ORÍGENES 

Pero, a pesar de que su recuerdo ha quedado asociado a conspiraciones políticas y asesinatos de emperadores, la verdad es que en los inicios su función era todo lo contrario.

Etimológicamente, su nombre deriva de “los vigilantes del Praetorium” (Pretorio),  nombre el con que se conocía a la tienda en la que se alojaba el comandante de una fortificación romana en un castrum o castellum, y a su vez los romanos tomaron una palabra procedente del griego antiguo “praitórion”, que significa cuartel general. La misión de estos legionarios “vigilantes” era la de proteger al comandante del ejército durante las campaña de posibles asaltos, incursiones, traidores o infiltrados, significando su nombre literalmente “los protectores del recinto del comandante”.

Generalmente eran elegidos entre la propia tropa por sus destrezas: el magistrado revestido con imperium los escogía para que velasen por su protección, tanto en el propio campamento como en el campo de batalla.

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Se sabe que este cuerpo personal era usado en campaña desde los tiempos de los Escipiones ya en 275 a,C, y la primera documentación sobre ellos data del 146 aC cuando en el avance hacia Numancia, Publio Cornelio Escipión Emiliano se hizo acompañar de una cohors praetoriae (cohorte pretoriana) de 500 legionarios “amigos” para su escolta personal.  De ahí que a partir del siglo I a.C.  las referencias a las cohortes praetoriae se hacen más comunes confirmando la costumbre de muchos generales romanos de escoger grupos de soldados selectos para su escolta personal. Este tipo de cohortes fueron aumentando su número durante las guerras civiles e insignes figuras como Julio César, Marco Antonio y César Augusto tuvieron alguna en campaña.

AUGUSTO Y SU FUNDACIÓN 

Será Augusto, en 27 o 26 a.C., cuando realmente institucionalizará este cuerpo y decidió que estas formaciones trascendieran del ejercitó y las asociado a la figura del Princeps y su familia creándola a modo de escolta personal.

No es de extrañar que tras el asesinato de Julio César, César Octaviano, su heredero y futuro emperador, y en especial tras la batalla de Accio, aprendida la lección entendiera la necesidad de contar con esta unidad de forma permanente en la propia Roma. Para asegurar su protección y a fidelidad del ejércit creó La Guardia Pretoriana, 4.500 soldados de élite distribuidos estratégicamente por Italia leales al Emperador, con la misión de proteger al Cesar y a su familia; de éstos, un tercio actuaban como su guardia personal, los únicos hombres armados que podían entrar en Roma. Este cuerpo militar le funcionó muy bien a Octavio, pero en el futuro no siempre fue así, y es que, para manejar a estos legionarios privilegiados y mejor pagados, había que tener mucho temple y rectitud.

Sin duda esta decisión, lógica a la vista de lo ocurrido con su padre adoptivo, suponía una dura transgresión de la norma que prohibía acuartelar tropas armadas en Roma, salvo para aquellos ejércitos que esperaban para celebrar el desfile triunfal. Tampoco sería justo entender esta medida como una decisión enteramente revolucionaria; desde principios de siglo I a.C. las fuentes están llenas de alusiones a magistrados que se hacen acompañar de bandas armadas (en ocasiones compuestas por gladiadores y veteranos del ejército) para su protección. Sin embargo Octaviano quiso cuidar las formas por lo que se cuidó mucho de hacer pasar a la Guardia Pretoriana por una legión limitando el número de cohortes a nueve (la legio romana contaba con diez) que además no estarían al mismo tiempo acantonadas en la propia Roma.

Así pues, para su formación reclutó a los mejores hombres de entre las filas de todas las legiones del imperio, que en época de Tiberio (en el año 23 dC) serian acuartelados en el Castra Praetoria, a las afueras, al noroeste de Roma.

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Ubicación del Castra Praetoria 

Esta primera Guardia Pretoriana, como hemos visto, se componía de nueve  cohortes de 480 hombres cada una,  más tarde serían 10 cohortes, y ya en el S. II cada una de ellas llegaría a tener hasta 1000 hombres. Cada cohorte contaba,  además,  con una “turma” de caballería formada por alrededor de unos cien jinetes llamados equites pretoriani. Los pretorianos patrullaban el palacio y edificios oficiales, así como los pueblos que rodeaban Roma.

Como se ha dicho, el número de cohortes y su composición fue variando en el tiempo. Así tenemos que bajo Claudio, el número de cohortes se incrementó hasta doce. Sobre las motivaciones de Claudio para este incremento se baraja principalmente la deuda que este emperador tendría con la guardia quien fue su garante en su ascensión al trono. Más adelante, en el convulso año 69, en tiempos de Vitelio la guardia llegó a 16 cohortes y 8.000 hombres, una muestra de la inseguridad de los diferentes emperadores en esa época convulsa. Será Vespasiano quien devuelva a nueve las cohortes praetoriae. Sin embargo sabemos que a principios del siglo II el número de cohortes se fijó en diez, posiblemente por una reforma de época de Domiciano. Número que se  mantendrá hasta el final de la Guardia ya en el siglo IV.

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En recuerdo de un Pretoriano

Su número reducido no se consideraba como un peligro para el imperio, sin embargo, a la muerte de Augusto en el año 14 d.C., los pretorianos empezaron a ejercer su presión e influencia sobre las políticas del imperio, comenzando la historia que ya todos conocemos.

EL PREFECTO DEL PRETORIO 

Su primer oficial sería llamado Prefecto del Pretorio (mas tarde serían dos). Éstos debían ser militares experimentados pertenecientes al orden de los caballeros, la clase  adinerada que ocupaba importantes cargos en la administración y el ejército. Cargo militar que bajo Augusto solo tenía atribuciones de índole militar (y administrativas relacionadas con la gestión del Cuartel General Imperial o Praetorium), sufrirá a lo largo de los dos primeros siglos una evolución que dará como resultado su conversión en la segunda persona más poderosa del Imperio, solo por detrás del propio emperador.  Durante el reinado de Tiberio, el Prefecto del Pretor, Sejano, sería considerado como  el Primer Ministro a quien delegó múltiples funciones imperiales mientras él se encontraba retirado en su domus en la Isla de Capri.

Sin duda el Prefecto del Pretorio estaba fuertemente armado para la arena política. Por una parte, sus atribuciones judiciales le facultaban para instruir y juzgar casos de traición contra el emperador, lo cual se convertía en un arma poderosísima que muchos prefectos no dudaron en utilizar en sus intrigas. Del mismo modo, su puesto en el propio consilium principis suponía que sus opiniones eran escuchadas directamente por el emperador. Además, gracias a Tiberio, la instalación de la fuerza de forma permanente en la propia Roma suponía una medida coercitiva para muchos de los senadores o caballeros que se aventuraran a oponerse al prefecto.

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Tiberio y Sejano – Escena de la serie “Yo Cláudio”

La cada vez mayor preeminencia del prefecto sobre el resto de la sociedad terminó reflejándose en el recibimiento del título de vir eminentissimus, título reservado a la clase senatorial, pese a permanecer al orden ecuestre. Incluso sus competencias militares fueron, con el tiempo, superando las iniciales. Durante el siglo II principalmente veremos a varios prefectos a la cabeza de legiones en combate, realizando campañas en nombre del emperador. El caso más paradigmático será el de Perennis,  prefecto del pretorio bajo Cómodo, quien bajo el papel de representante del emperador dispondrá a su antojo del nombramiento de mandos legionarios lo que lo convertía ya no en el comandante en jefe de facto de las unidades pretorianas, sino que se elevaba a comandante de todas los cuerpos militares del Imperio en suplantación del propio emperador.

PRIVILEGIOS Y HONORARIOS 

Las condiciones del servicio en la Guardia Pretoriana eran mucho más livianas que la del servicio legionario. Aparte de estar eximidos de la mayoría de las tareas domésticas, cobraban bastante más que sus compañeros de las  legiones, vivían en Roma – que era mucho más agradable que un campamento en el limes –, recibían mejor trato por parte del emperador y solo debían cumplir 16 años frente a los 20 de los legionarios. Además, al estar acuartelados en la capital del Imperio, los pretorianos no tenían que pagar por el trigo, un alimento básico que se les distribuía gratuitamente y que, en cambio, sí se deducía del sueldo de los legionarios. Tampoco debían abonar sus armas, y a los que pertenecían al cuerpo de caballería se les proporcionaban, sin coste por su parte, los caballos y el alimento para la manutención de los animales. Los pretorianos gozaban asimismo de ventajas judiciales nada desdeñables: tenían el derecho a ser procesados dentro de su campamento y disfrutaban de juicios más rápidos cuando ellos eran los demandantes.  Al retirarse recibían tierras libres del pago de impuestos o una cantidad de dinero, que, por ejemplo, en el año 6 d.C. era de 20.000 sestercios. Todo ello sin contar con el prestigio y reconocimiento social del que gozarían en su lugar de origen o en la región en la que se asentasen.

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El sueldo de los pretorianos era el más elevado de todas las unidades del ejército romano. A finales de la época de Augusto, la guardia pretoriana estaba cobrando en torno a unos 3000 sestercios anuales frente a los 900 que cobraban los legionarios.  Por este motivo, y por las comodidades que ofrecía ser parte de este cuerpo militar, muchos tenían como sueño el llegar a ser un gran pretoriano “leal” al emperador.

Hay que considerar también los donativos extraordinarios que les otorgaban los emperadores en acontecimientos como el ascenso al poder, campañas victoriosas o celebraciones especiales, y que eran siempre mayores que las que pudieran ofrecerse a las tropas legionarias. En su testamento, Augusto ordenó que se entregaran 1.000 sestercios a cada pretoriano, por sólo 300 a los legionarios, y muchos de sus sucesores les hicieron generosos donativos nada más acceder al poder para asegurarse su fidelidad: Claudio les concedió 15.000 sestercios, y Marco Aurelio y Lucio Vero, ya en el siglo II d.C. 20.000.

Sin embargo, los pretorianos, al igual que los legionarios, no podían disponer libremente de todos sus ingresos, puesto que una parte del sueldo se depositaba en las arcas de la unidad, así como la mitad de los donativos recibidos. Estos ahorros se les reembolsaban en el momento de licenciarse. También tenían prohibido el matrimonio legal durante su servicio.

Pero no debe confundirse este buen trato y esta condición de privilegio con un cuerpo poco preparado para el combate; el pretoriano entrenaba con bastante asiduidad y su condición física era extraordinaria. De hecho a muchos emperadores les gustaba mostrar las dotes de sus pretorianos haciéndoles participar en espectáculos de cacerías o en demostraciones públicas.

 

RECLUTAMIENTO Y FORMACIÓN DE LA GUARDIA PRETORIANA

El reclutamiento estaba en manos del Prefecto del Pretorio en funciones delegadas del propio emperador que rara vez se preocupaba de esta tarea. Como requisitos se impusieron, aparte de los mismos que existían para ser legionario, tener la ciudadanía romana, una de edad de entre 17 a 20 años, una altura mínima (1,75 metros), estar en una buena forma física y solía ir acompañado de una carta de recomendación que ayudase la entrada del recluta en la unidad. Gracias a una anécdota sabemos que Adriano abrió los pretorianos a los que hubiesen servido en la Guardia Urbana. Ambas unidades, la Guardia Pretoriana y la Guardia Urbana, se convertirán en el núcleo de las aportaciones de itálicos . De hecho, en un origen, según nos dice Tácito (Ann. 4.5) los reclutas pretorianos eran de la propia península itálica, aunque pronto se abrió a otras partes como Hispania, Macedonia y Nórico (Casio Dión, 74.2.4) y a partir de las evidencias epigráficas podemos completar la lista con Narbonense, Panonia y Dalmacia.

Será Septimio Severo quien, a la luz de los escandalosos episodios que protagonizaron tras la muerte de Cómodo, reformaría la Guardia Pretoriana . Entre las modificaciones acababa con la selección de nuevos reclutas desde la vida civil, que había impuesto Augusto, para convertir el servicio en las cohortes pretorianas en un incentivo para los legionarios que destacasen en sus destinos, especialmente de las unidades acantonadas en las fronteras del Imperio. De esta forma se premiaba a los legionarios en una época en la que las dona militaris (las condecoraciones que recibían los legionarios) empezaban a estar en desuso, a la vez que se convertía a la unidad en un cuerpo de mayor lealtad (todos los nuevos pretorianos debían su posición al emperador que los había premiado) y convertía al pretoriano en un vínculo entre su lugar de origen y el emperador, pues era un individuo vinculado a su unidad en el limes.

PRETORIANOS Y MANÍAS DE EMPERADORES 

La tarea básica consistía en la protección del emperador en palacio y en sus desplazamientos por la ciudad. Cada día, una cohorte con sus centuriones y tribuno al mando se dirigía desde el campamento pretoriano hasta el Palatino  para custodiar la residencia del césar. Durante el servicio en palacio, los pretorianos vestían una toga, en cuyos pliegues llevaban una espada oculta. Cuando el emperador acudía al Senado también llevaban la toga y solían quedarse fuera del lugar de reunión, aunque el emperador Calígula les permitió hacer la guardia también en el interior.

Además de en la propia Roma, los pretorianos también custodiaban al emperador en sus desplazamientos por Italia y otras regiones del Imperio. Cuando el emperador estaba en camino se enviaba un destacamento por delante para despejar la ruta y atajar peligros potenciales. Se dijo de Tiberio que cuando en uno de sus viajes su litera quedó enredada en unas zarzas tiró al suelo al explorador responsable, un centurión de las primeras cohortes, y lo azotó casi hasta la muerte. La guardia protegió al mismo Tiberio durante su exilio en la isla de Capri, a Nerón en su viaje por Grecia y a Adriano en su villa de Tívoli o en sus frecuentes viajes por las provincias. En su fidelidad a la persona del césar, la guardia pretoriana le acompañaba incluso en su último viaje, el cortejo fúnebre.

Los pretorianos actuaban además como guardia de honor en las distintas ceremonias oficiales; por ejemplo, las que festejaban la salida del emperador cuando iba a la guerra o regresaba victorioso, su aniversario o la recepción de embajadores. Asimismo, eran responsables del mantenimiento del orden en Roma, ayudaban al cuerpo de vigiles (bomberos) en la extinción de incendios, reprimían rebeliones e investigaban las conjuras contra el emperador. Durante los espectáculos públicos montaban guardia, e incluso podían participar en ellos; el emperador Claudio, por ejemplo, hizo que un grupo de jinetes pretorianos abatiera fieras africanas en el circo Máximo.

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Pretorianos en la columna de Trajano

Pero la guardia pretoriana también demostró ser una verdadera fuerza de combate. Su equipamiento militar era similar al de los legionarios, si bien se distinguían por llevar motivos específicos en sus escudos, como el rayo alado, la luna y las estrellas o el escorpión, símbolo zodiacal del emperador Tiberio. Sus portaestandartes tenían la particularidad de llevar enseñas con las efigies de los distintos emperadores y se cubrían con una piel de león. Sus intervenciones fueron numerosas dado que el emperador, cuando entraba personalmente en campaña, les ordenaba acompañarlo o bien enviaba a sus oficiales pretorianos para guiar la contienda. Por ejemplo, a comienzos del gobierno de Tiberio, Germánico y Druso fueron enviados al frente de la guardia pretoriana para sofocar las revueltas de las legiones de Germania y Panonia. En tiempos de Domiciano, el propio prefecto del pretorio, Cornelio Fusco, murió en combate contra los dacios.

Tuvieron un rol de especial importancia en la batalla de Bedriacum durante el año de los cuatro emperadores, así como en las guerras dacias y mesopotámicas en tiempos de Domiciano y Trajano. También tuvieron una gran importancia en las campañas del Danubio durante el gobierno de Marco Aurelio. Con la presencia de los pretorianos en la guerra se aseguraron muchas victorias, aunque el pago por enviar a esta sofisticada guardia personal vulneraba al Emperador, por lo que su papel principal siempre tuvo como objetivo la protección imperial.

REBELIONES Y CONJURAS

La Guardia Pretoriana, sin embargo, será protagonista de constantes rebeliones y conjuras que empezaron en época temprana y que protagonizaron contra los emperadores para imponer a su candidato preferido. Durante la dinastía Julio-Claudia se hicieron conscientes de su capacidad de influir en la política romana e incluso emperadores como Claudio no dejaron de tener deferencias hacia ella por el hecho de ser quienes le proporcionaron el trono. Podríamos decir que Augusto fue el único emperador que gozó de la lealtad total de los pretorianos.

La Guardia Pretoriana respondía muy bien a la lealtad basada en el dinero. Por una buena suma estaban dispuestos a asesinar al propio emperador si las promesas de los conjuradores eran superiores al trato ofrecido por quien ocupaba el trono de Roma. Así fue como, por ejemplo, el Emperador Calígula fue asesinado por su propia Guardia en un complot que incluía a varios senadores.

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Asesinato de Calígula y proclamación de Claudio como emperador. Sir Lawrence Alma-Tadema, Walter Arts Gallery, Baltimore.

Uno de los momentos más turbulentos se produjo en el año 192, a la muerte de Cómodo llegando a provocar la reforma severiana mencionada más arriba. Los pretorianos eligieron como emperador a Pértinax, un anciano senador, pero al ver que ponía freno a sus desmanes y a su poder ilimitado decidieron deshacerse de él y lo asesinaron en su palacio. A continuación, pusieron el trono imperial literalmente a subasta, pregonando desde los muros de su campamento que el cargo de emperador estaba en venta e iría a parar a quien les ofreciera más dinero. Un ex cónsul llamado Didio Juliano les prometió una gran cantidad de dinero, asegurándoles también que volverían a tener plena libertad de acción. Ellos aceptaron y lo escoltaron desde el campamento hasta el palacio imperial en medio de fuertes medidas de seguridad.

Poco después, sin embargo, llegó a Roma Septimio Severo, que había sido proclamado emperador por las legiones de Iliria y que convenció al Senado para que decretara la muerte de Juliano. A continuación, Septimio invitó a los pretorianos a que salieran desarmados del campamento para jurarle fidelidad, pero cuando se presentaron con los uniformes de gala los hizo apresar. Les perdonó la vida, pero ordenó expulsarlos de Roma. A partir de entonces se reclutó a los pretorianos entre las legiones de frontera.

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Comodo con su Prefecto del Pretorio en la película “Gladiator”

Una aclaración: todos recordamos la película Gladiator que se ambienta en los tiempos del emperador Comodo. Pues bien, ya sabemos que la película contiene muchísimas licencias históricas en las que no me voy a entretener, a excepción del final. Vamos a ver, por muy aclamado que fuera el tal “Hispánicus” en la arena de Roma, en el caso hipotético de que se hubiera producido tal combate a muerte  el emperador y el “gladiator” (aunque ya sabemos que Comodo era muy amante de estas lides), hubiera sido prácticamente imposible, a no ser que les hubieran untado a base de bien, que los Pretorinos que escoltaban al emperador se hubiesen decantado del lado de un esclavo, por muy ex-general de los ejércitos, bla, bla, bla … Los Pretorianos eran la escolta del emperador!!!

DECADENCIA Y DISOLUCIÓN

Hacia el año 284, bajo el gobierno de Diocleciano, la Guardia Pretoriana fue sustituida por dos nuevos cuerpos militares. Por un lado estaban los Jovianos, en honor al Dios Júpiter. Y por otro lado estaban los Herculianos, derivados de Hércules. Como anteriormente hiciesen los pretorianos, estos dos nuevos escoltas imperiales hicieron las mismas funciones.

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Ahogados en el Tíber Los pretorianos caen al Tíber durante la batalla del Puente Milvio. Óleo por Pieter Lastmann. 1613.

En los complicados primeros años del inicio del siglo IV, con el sistema tetrárquico ideado por Diocleciano, los pretorianos elevaron al trono a otro de sus candidatos, Majencio, pero Constantino lo derrotó en Roma, en la célebre batalla del puente Milvio librada en el año 312. A continuación, el vencedor decidió disolver la guardia, ordenó demoler la castra praetoria y sus miembros fueron enviados a las diferentes fronteras del Imperio. Terminaron así tres siglos de una unidad con sus sombras, pero que fue pieza fundamental en la defensa del Imperio y ejemplo de cuerpo de élite.


FUENTES 
La guardia pretoriana. Boris Rankov. RBA-Osprey, Barcelona, 2009.
Pretorianos. La guardia imperial de la antigua Roma. A. R. Menéndez Argüín. Almena, Madrid, 2006.
Pretoriano. S. Scarrow. Edhasa, Barcelona, 2012.
The Roman Army at War. A. Goldworthy . Clarendon Press. Oxford, 1998.
Roman Army Studies. M. Speidel. J.C. Gieben. Ámsterdam, 1984-1992

WEB
“Pretorianos, una unidad de élite”. Tempora, Magazine de Historia 
http://www.temporamagazine.com/pretorianos-una-unida d-de-elite/

“La Guardia Pretoriana”. National Geographic 
http://www.nationalgeographic.com.es/historia/grandes-reportajes/la-guardia-pretoriana_8142/5

Guardia Pretoriana.  Tito Batán para revistadehistoria.es

 

 

El Halloween romano, la Lemuria!!

En todas las culturas, existen fechas fatídicas en el calendario aguardadas con temor, en las cuales el Otro Mundo se acerca al mundo de los vivos. Días ocultos como la Noche de las ánimas o de Todos los Santos, Halloween, Samhain, … En la Antigua Roma, esta época de tinieblas tenía lugar durante la Lemuralia o Lemuria.

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“Memento mori.” Mosaico de Pompeya – Museo Arqueologico Nápoles

LEMURES, LARES, MANES Y PENATES

En la mitología romana, las larvae o lemures  eran considerados unos espectros o espírituos de los muertos que habían vivido una vida miserable y que vagaban para atormentar a los vivos. Sigue leyendo

La Papisa de Roma, realidad o ficción!

La Iglesia Católica es una institución en la cual, como casi todas las religiosas mayoritarias, el papel de la mujer ha estado siempre relegado a un segundo lugar, el de abnegación y obediencia, pero nunca a uno protagonista y de relevancia. La figura principal y cabeza de la Iglesia es ostentada por el Papa y, desde tiempos de San Pedro, hasta donde sabemos, siempre ha contado con Papas varones. O eso es lo que nos han hecho creer!!

Los cónclaves, en los que se elije al nuevo Papa cuando el anterior ha fallecido, están envueltos en miles de leyendas y anécdotas, pero una de ellas pone en cuestión que todos los líderes de la Iglesia hayan sido hombres. Según el mito, una mujer llamada Juana, disfrazada de varón, fue elegida Papa y gobernó entre los años 855 y 857.

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Un fotograma de la película «La pontífice»

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Un viaje en el tiempo para toda la familia “La Illeta, Cuna de Civilizaciones”

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El Campello, mi ciudad natal, es un pueblo alicantino bañado por el mar Mediterráneo que, si bien tiene una historia reciente muy joven, de apenas algo más de 200 años, posee restos y evidencias de una historia muy muy lejana en los tiempos.

Como no podía ser de otra forma, desde este enclave, al igual que sus vecinas Allon y Lucentum, los habitantes de estas tierras, ya desde la prehistoria, han visto pasar desde la orilla del mar todo tipo de embarcaciones durante la antigüedad: fenicias, griegas, púnicas y romanas. Sigue leyendo

La indumentaria de las matronas romanas

El cine y últimamente la televisión nos tienen acostumbrados a mostrar a las romanas, salvo excepciones, algo frívolas en su modo de vestir y de adornarse.  Esto ha llevado a la idea equivocada de que las mujeres romanas iban mostrando sus cuerpos, pero nada más lejos de la realidad. Generalmente iban muy tapadas y, de hecho, en público y por la calle no debían mostrar su cuerpo ni siquiera casi las manos y muy poco de la cabeza.

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Serie Spartacus

Evidentemente, como cualquier mujer, a las romanas también les gustaba vestir lo mejor posible y, ante todo, mostrar con ello su status social, pero todo ello sin caer en la obscenidad. Buena prueba de que eran coquetas lo tenemos en la reacción a la Lex Oppia, cuya promulagación, en el contexto de la II Guerra Púnica, dio lugar a la prohibición a las mujeres de portar, entre otras cosas, cierta cantidad de joyas. Ante esta restricción las matronas no dudaron en movilizarse y concentrarse en Roma para conseguir que se derogase, como finalmente se hizo. Sigue leyendo