EL CALENDARIO: De Roma a nosotros!!!

Dicen que todos los caminos llevan a Roma y, sí, también a Roma y más concretamente a  Julio César le debemos el calendario con el que nos identificamos.

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Los primeros calendarios usados por la humanidad fueron de tipo lunar ya que contar lunas es simple y, gracias a sus fases, podemos saber rápidamente en que parte del mes nos encontramos, mientras que el calendario solar requiere observaciones astronómicas mucho más complejas. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, sería inevitable sustituir los calendarios lunares por los de tipo solar. Ello se produce porque el ciclo de fases lunares no corresponden a un número entero de días, y además por la falta de correlación que tienen respecto al ciclo de las estaciones, muy importante especialmente para las antiguas comunidades agrícolas y ganaderas.

La palabra deriva del latín “calendas”, cuya traducción es “proclamar” ya que en la antigua Roma los sacerdotes proclamaban el principio de cada mes (calendas) al llegar la Luna Nueva, esto se debía a que los romanos inicialmente tenían un Calendario Lunar al igual que la mayor parte de las antiguas culturas humanas. Veamos su historia:

El CALENDARIO DE RÓMULO.

Calendario de Rómulo

Así pues, en un principio, los romanos se regían por un año de diez meses, que comenzaba en marzo y terminaba en diciembre. Este Calendario de Rómulo se cree que se remonta al 753 a.C. “ab urbe condita”. De los pocos datos que conocemos hoy en día, sí sabemos que el año se iniciaba con el equinoccio de primavera y que los 10 meses se correspondían con aquellos en los que había alguna actividad agrícola, alternando 30 y 31 días y sumaban un total de 304 días; los 61 días restantes del año, los correspondientes al invierno, no estaban asignados a ningún mes. Roma, en aquellos tiempos, era una civilización fundamentalmente agrícola, y el propósito del calendario era organizar los trabajos del campo; en invierno, en el campo, había poco que hacer. Los meses y sus duraciones eran:

«Martius» (dedicado a Marte, patrón de los romanos) 31 días,

«Aprilis» (dedicado a Apolo) 30,

«Majus» (dedicado a Júpiter) 31,

«Junius» (dedicado a Juno) 30,

después de «Junius» los meses recibían el nombre por el número de orden que les correspondía: «Quintilis» 31, «Sextilis» 30, «September» 30, «October» 31, «November» 30 y «December» 30;

En total, 304 días y, al igual que en el resto de calendarios lunares, en éste los meses empezaban con la Luna nueva. El computo de los días del mes se efectuaba por la retorcida referencia a los días restantes hasta las las calendas, las nonas y los idus. El proceso para establecer el principio de cada mes estaba llevado a cabo por el poder religioso “potifex” que indicaba en que día había empezado el mes («calendas») y, por tanto, cuántos días quedaban para llegar a las «nonae» (al primer cuarto de Luna).

El Calendario de Numa

Más tarde Calendas_una_romanosdividieron el año en 12 meses!

Según Plutarco, hacia el 713 a.C., el Rey romano Numa Pompilio, basándose en el calendario griego, mejoró el sistema convirtiéndolo en un periodo de 354 ó 355 días, es decir, que cambió el calendario de 10 a 12 lunaciones añadiendo dos meses más:  «Ianuarius» (dedicado a Jano) y «Februarius» (de «februare», purificar, dedicado a Plutón).  También, comenta Plutarco que abril procede de la diosa Afrodita, mientras que mayo de la diosa Maia, madre de Mercurio.

EL CALENDARIO REPUBLICANO

El resultado, como hemos visto, era un año de 355 días, lo que daba lugar todavía a un desfase con el año solar de 10,25 días menos, ya solo quedaba hacer coincidir el calendario lunar con las estaciones. Por ello se incluyó un mes INTERCALAR de 22 ó 23 días cada dos años, que según Macrobio habría sido reformado por los decemviros durante su segundo mandato (450 Ac). Dicho sistema es conocido como el Calendario Republicano o pre-juliano.

Esta intercalación se hacía después del mes de febrero (a través de una cita de Censorino -Censorino, 20,6- “Intercalarium mensem viginti duum vel viginti trium dierum alternis annis addi placuisset”, se sabe que la intercalación de 22 o 23 días era bianual, alternándose una intercalación de 22 días el segundo año y una de 23 dos años después), al final del año  –Terminalia-, justo antes de la lunación de primavera. Cuando se incluía este mes Intercalar, denominado Mercedonius (nombrado de esta manera por Plutarco en sus relatos sobre la reforma del calendario por Julio César y llamado así porque era cuando los mercenarios recibían su salario),  febrero se quedaba con sólo 23 ó 24 días. Así, el año medio se ajustó a 366,25 días, un valor más próximo al del año solar.

De todos modos, la adición de días o meses adicionales estaba al arbitrio de los pontífices máximos, y muchas veces pesaban más las razones políticas que las cronológicas en sus decisiones. Se convirtió en una herramienta política ya que la manipulación de estos días adicionales generalmente se realizaba con intereses en mente: la votación de un funcionario, el termino de un cargo politico, etc., así que, hasta la llegada de Julio César, el sistema era bastante caótico.

Será en época republicana, según nos dice Tito Livio, desde el año 153 a.C., en que los cónsules ocuparan su cargo el 1 de Enero para aprovechar el invierno preparando las diferentes campañas militares, pasando a ser el comienzo del año. Aunque, de todos modos, será con el calendario Juliano cuando quede definitivamente así establecido. En esto tuvieron mucho que ver un grupo de hispanos como os cuento en el post “El origen sangriento de la Nochevieja”. 

En definitiva, todas las sucesivas modificaciones, correcciones y adaptaciones seculares, así como la introducción del mes intercalar, que se colocaba a la libre elección del poder religioso, provocó un desfase importante hasta el punto de que, en el año 46 a.C., el Calendario Romano se encontraba desligado respecto a las estaciones en más de tres meses, de manera que el solsticio de verano se producía cuando, según el calendario, en realidad, se tenía que llegar al equinoccio de otoño.

EL CALENDARIO JULIANO.

Será en el año 46 a.C. cuando Julio César, asesorado por el matemático y astrónomo Sosígenes de Alejandría, el auténtico autor de la reforma, separó el año civil del año lunar e introdujo el calendario Juliano, estableciendo la duración del año (ahora estrictamente solar) en 365,25 días. Para solucionar el problema de la fracción se intercaló un año bisiesto (de 366 días), insertando un día suplementario en febrero cada cuatro años (“bis sextus dies ante calendas Martii” -el sexto día antes de las calendas de marzo-). Así se aseguraba que los meses del año seguían el ritmo de las estaciones.

Por último, se cambió definitivamente el primer día del año, aunque al parecer Julio César hubiera querido fijarlo 10 días antes coincidiendo con el solsticio, pero la suprestición de los romanos acostumbrados al calendario lunar lo impidió, fijándolo en el primer plenilunio posterior al solsticio de invierno. Así pues, el primer mes del año Juliano pasó a ser «Ianuarius» y el último «December», con la misma duración que tienen los meses actualmente. El calendario juliano,  entró pues en vigor el día 01 de enero del año 45 a.C. Para que el nuevo calendario coincidiese, el año 46 aC constó de 445 días. En el 44 aC el mes «Quintilis» pasó a llamarse «Julium» en honor a Julio César, y en el 23 aC, el mes «Sextilis» pasó a denominarse «Augustum» en honor a César Augusto, traspasando, éste último, un día de febrero a agosto, para que su mes no fuese más corto que el de César.

El Calendario Juliano fue usado hasta finales del siglo XVI, cuando la diferencia entre su duración y el año trópico había desplazado las fechas en 10 días y por tanto se procedió a la reforma gregoriana.

EL CALENDARIO GREGORIANO.

El año del calendario juliano era ligeramente más largo que el año solar, por lo que, cada 128 años se acumulaba un día de más (367). Para solventar esta discrepancia, ya apercibida en el Concilio de Nicea del año de 325, el Papa Gregorio XIII, aconsejado por los astrónomos Christopher Clavius y Luigi Lilio, hizo una reforma en 1582 y estableció el calendario gregoriano. El error se compensó convirtiendo en bisiesto el primer año de cada siglo únicamente si es divisible por cuatrocientos (el año 2000 fue bisiesto pero no el 2100) con lo que sólo se acumula un día de más cada 3 mil años. Este es el sistema que rige en la actualidad al mundo occidental.

Christopher Clavius Junto con Lilio fue el miembro más destacado de la Comisión del Calendario.

Christopher Clavius Junto con Lilio fue el miembro más destacado de la Comisión del Calendario.

LOS DÍAS QUE NUNCA EXISTIERON!!!

Es por eso que el jueves 4 de octubre de ese año 1582 dC fue seguido por el viernes 15 de octubre, para eliminar los diez días que ya se llevaban acumulados (haciendo que el equinoccio de primavera, que se verificaba ya el 11 de marzo, volviese a caer el 21 de marzo). A pesar de los graves disturbios que aparecieron en muchos lugares porque la gente estaba convencida de que se les quitaba diez días de vida, por lo que de hecho el cambio de Calendario Juliano a Gregoriano no se produjo conjuntamente en todo el mundo. España y Portugal aplicaron la reforma el mismo día que Roma, el 4 de octubre de 1582. En Francia se hizo el 9 de diciembre de ese mismo año (saltando al día 20). Las vicisitudes para la puesta en práctica de la reforma llevaron a Felipe II a firmar un año después la pragmática de Aranjuez para su adopción en todos sus territorios. Alemania continuaría con el juliano hasta 1700, Inglaterra hasta 1782, Rusia no lo cambió hasta 1918 y Grecia hasta 1923. Nacía de esta manera el Calendario Gregoriano, vigente actualmente en el mundo occidental con muy pocas variaciones.

CURIOSIDADES:

MUERTE Y ENTIERRO DE SANTA TERESA

Como dato curioso, falleció en esa época Santa Teresa, precisamente el 4 de octubre y aparece enterrada el 15 de octubre, en apariencia 11 días después, una cosa inaceptable en esos tiempos, especialmente por el peligro de contago de enfermedades infecciosas,  pero la verdad es que fue sepultada al día siguiente de su deceso.

FIJACIÓN DEL NACIMIENTO DE JESUCRISTO!!!

Un monje en un scriptorium. Manuscrito medieval de los Très Riches Heures du Duc de Berry.
Dionisio el Exiguo inventó el anno dómini (‘año del Señor’) para calcular la fecha de la Pascua.

Fue Dionisius Exiguus, monje y astrónomo nacido en Ecítia, ahora al Sudoeste de Rusia, quien determinó en el año 532 dC, compilando unas tablas de fechas para la celebración de las pascuas en términos del Calendario Diocleciano (Diocleciano estableció una medición del tiempo, en un punto medio entre el Calendario Romano y el actual), por encargo del Papa Juan I, el inicio de nuestra era, fijando el nacimiento de Cristo el 25 de diciembre del año 753 de la fundación de Roma. De esta manera fue abandonado el cómputo que se seguía hasta entonces, que había establecido Marcos Terencio Varrón (116-27 aC) cuando determinó como inicio del calendario romano, la fecha de la fundación de Roma, «ab Urbe condita», por el mítico Rómulo.

Por tanto fue Dionisio el Exiguo quien estableció el uno de enero del año 754 (romano) como el primer día de nuestra era el 1 de enero del año 1 dC, el primer día del año siguiente al nacimiento de Cristo («anni ab incarnatione domini»).

Sin embargo, es históricamente demostrable que este acontecimiento no se produjo el 25 de diciembre, sino que se tomó por convención este día, hacia el siglo IV, para sustituir las antiguas celebraciones romanas del solsticio de invierno, la fiesta del Sol Invictus. Además se ha podido comprobar (si tenemos como referencias el censo de César Augusto que se  realizado entre el 8 y el 6 a.C, y la muerte del rey Herodes I en el año 750 romano, según los escritos del historiador eclesiástico Eusebio, de San Lucas y de Josefo), que existe una diferencia de cuatro a siete años con el cálculo correcto.

Estos historiadores contemporáneos indican que la muerte de éste se produjo poco después de un eclipse de Luna y poco antes de la Pascua judía. Con toda probabilidad se trata del eclipse del 13 de marzo del año 4 AC. En este caso, el año 2000 hubiera sido el 1993-96 actual, con preferencia por las fechas más antiguas (7 ó 6 a.C.). Por tanto, paradójicamente, Cristo hubiese nacido unos seis años antes de Cristo,…

En consecuencia, el nacimiento de Cristo transcurrió inadvertido para los romanos y los judíos, e igual los primeros cinco siglos del Cristianismo, que no figuraron en el calendario.

Fuentes:

El Calendario romano y la división del tiempo

Opiniones y Cultura

La Romapedia

Ediciones Universidad de Salamanca – Dicter

Calendario

Celtiberia.net

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7 pensamientos en “EL CALENDARIO: De Roma a nosotros!!!

  1. ¡Ojo! Creo que se te ha ido el dedo y has puesto que Tarquinio Prisco realizó la reforma en el 153 aC, lo cual no es posible (gobernó en torno al siglo VII-VI aC). Un artículo de lo más interesante y lleno de datos interesantes. Lo de Santa Teresa de Jesús es curiosísimo.

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