Napoleón…una vida plagada de anécdotas (I). “Napoleón contra Roma”

napoleon-faceQue más se podría contar de Napoleón Bonaparte!!! De él se han escrito innumerables biografías que nos relatan todos los pormenores de su vida, su infancia y juventud, su escalada progresiva en el ejercito, su llegada al poder, su vida privada, sus éxitos y derrotas, … su muerte. Una vida entre la realidad y la leyenda que ha sido comparada a otros grandes conquistadores: Alejandro Magno y Julio César.

Pero me he querido centrar en el aspecto humano, en sus fobias y filias, y en aquellos aspectos de su vida cotidiana y de las anécdotas que la salpicaron para conocer a la persona, no al mito!!!

NAPOLEÓN CONTRA ROMA!!!
El Papa Pío VI se vio sumergido en la Revolución Francesa con un ambiente cargado de un fuerte sentimiento anticlericalismo. El Papa tomó partido de esta coyuntura apoyando a la coalición europea en contra de Francia quien además se había atrevido a “ejecutar” al propio monarca Luis XVI. Ello lo convertiría en enemigo de la República.
En 1797, las tropas de Napoleón Bonaparte ingresan en Italia y en Roma el 15 de febrero de 1799. El anciano Papa fue apresado y deportado a la ciudad francesa de Valence-sur-Rhône, en calidad de prisionero de Estado, en donde moriría pocos meses después, el 29 de agosto de 1799. Esto causó una gran conmoción en Europa!!! 
La Revolución llevó a hacer morir a Pío VI en el exilio y publicó en los periódicos de París la famosa frase: “Pío VI y último”
Muerte de Pio VI

Muerte de Pio VI

Napoleón decía que “él era el más fuerte y poderoso, y que el Papa era el más débil de los hombres” Y parece que no paró hasta demostrarlo!!! 

Paradójicamente, puesto que la República había derrocado y aniquilado a la monarquía, pocos años después, tras una imparable ascensión al poder absoluto, en marzo de 1804 el Senado proclamaba “Emperador” a Bonaparte. Pero para legitimar este nombramiento, Napoleón decidió que se debía celebrar una ceremonia religiosa rodeada de todos los símbolos y que debía ser el mismo Papa quien le ciñera la corona. Cuando Pío VII supo de las intenciones de Napoleón, fue tal su desasosiego que llegó a enfermar seriamente, pero al final accedió a la petición desplazándose a París.

El domingo 2 de diciembre, en la catedral de Notre-Dame se celebró una ceremonia que rememoraba los fastos de la Antigüedad. En la Navidad del año 800, el papa León III había coronado a Carlomagno “por sorpresa” en San Pedro. Ahora, mil años después, era el émulo y sucesor de éste el que sorprendería al sucesor de aquél. Así fue…, en el momento culminante, cuando Pío VII se aprestaba a ceñir la cabeza de Napoleón, tomó éste inopinadamente la corona de las manos del Papa y se la puso él mismo sobre sus sienes. Acto seguido, coronó a su esposa, escena inmortalizada por el conocidísimo lienzo de Jacques-Louis David, en la que aparece un resignado Papa esbozando una tímida bendición desde su trono.

File:Jacques-Louis David 006.jpgPero las vicisitudes con la Iglesia católica no habían acabado, en su ambición desmesurada por la conquista de Europa, el corso había ocupado en 1806 el Reino de Nápoles, expulsando a los Borbones y poniendo sobre el trono a su hermano José. En un acto de rebeldía Pío VII se negó a sumarse al bloqueo continental contra Gran Bretaña, única flota fuerte en el Mediterráneo, dejando abiertos a sus barcos el puerto de Civitavecchia y los del Adriático. Ello conllevó que se dictaminará la orden de ocupar Roma el  2 de febrero de 1808.

La reacción del Pontífice no se hizo esperar, y el 10 de julio decretó la bula Quam memorandum de excomunión. La persona de Napoleón no era mencionada en la Bula, pero era evidente de que la intención iba contra él. Se solicitó al Papa que se retractara de la bula sobre la excomunión. El papa no quiso y ello le supuso la detención, que apenas tiempo de coger su breviariom. Se producía el traslado de un nuevo Papa en un accidentado viaje hasta Savona en donde permaneció prisionero cuatro años. Napoleón quiso aprovechar el cautiverio del Papa para arrancarle inauditas concesiones y forzó la celebración de un Concilio en París, al que asistieron 95 cardenales y prelados quienes, ante su sorpresa, se declararon incompetentes para suplir la autoridad pontificia. Un enfurecido Emperador disolvería el concilio…

En 1812, Napoleón ordenó, antes de partir para la campaña de Rusia, el traslado del Papa a Fontainebleau, al palacio de Francisco I, en donde pasaría el resto de su cautiverio. La travesía de los Alpes casi le costó la vida, llegándosele a administrar hasta la extremaunción.

En Rusia y en España empezó a cambiar la fortuna del águila. 

Napoleón y el Papa en conferencia en Fontainebleau
Ilustración de Sir David Wilkie (1785-1841).

Intuyendo el nuevo rumbo de los acontecimientos, en enero de 1813, Napoleón logró convencer al Pontífice de la necesidad de establecer nuevo concordato, pero, aunque inicialmente obtuvo la firma papal, finalmente Pío VII se retractaría por carta a Napoleón.

En medio del tira y afloja entre el Papa y el Emperador, éste fue derrotado en la Batalla de Leipzig. La superstición obró e milagro y pensando que el prisionero de Fontainebleau atraía sobre él las iras del cielo, ordenó inesperadamente su liberación el 23 de enero de 1814. En marzo el Papa partía de regreso a Roma en un viaje triunfal. Mientras tanto, el 20 de abril, en el mismo palacio que había servido de encierro a Pío VII, su antiguo carcelero firmaba el acta de abdicación de su corona imperial.

Habían pasado seis años de cautiverio cuando Pío VII entraba en Roma, siendo recibido entre lágrimas por su pueblo. En recuerdo de esta fecha instituyó la festividad de Santa María bajo la advocación de Auxilio de los Cristianos.

Curiosamente, amparados por la hospitalidad de Pío VII, llegaban con él Letizia Ramolino – la matriarca de la dinastía corsa– y los napoléonidas, caídos en desgracia y arrastrados por la caída del águila.

El último vuelo de Napoleón, iniciado en marzo de 1815, fue fugaz: ¡duró tan sólo cien días! pero el Papa no quiso correr riesgos y se trasladó a Génova, donde el rey Víctor Manuel I de Cerdeña lo acogió con todos los honores. Vencido Bonaparte definitivamente en Waterloo y exiliado a Santa Elena (en donde moriría en 1821) Pío VII retornó a Roma.

El hombre más poderoso del mundo finalmente fue vencido y aquella frase que pronunciara se le heló en los labios… al final un débil y denostado Papa demostró ser más fuerte que él!!!  

Fuentes:

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