BOABDIL Y EL GRAN CAPITÁN, LA HISTORIA DE DOS ENEMIGOS QUE FORJARON UNA AMISTAD!!!

Rendición_de_GranadaEra el 2 de enero de 1492 cuando el último rey nazarí entregaba las llaves de Granada a los Reyes Católicos, poniendo con ello fin a la guerra con la que se concluía la reconquista de la península.

El cuadro refleja este momento en el que además dos “amigos”, de diferentes credos y enemigos en la guerra, se encuentran enfrentados. Este fue el caso del Rey musulmán Boabdil “El Chico”, sentado en su caballo frente a los Reyes Cristianos, y Gonzalo Fernández de Córdoba, a quien la historia conocería como “El Gran Capitán”, quien observa la escena entre ambos Reyes, con la corona de Duque.

En palabras de Antonio Soler, al hablar de su libro “Boabdil. Un hombre contra el destino”  “ésta debió ser una relación de respeto y de admiración mutua, una amistad que no pudo llegar a cuajar porque cada uno estaba en un bando completamente enfrentado”.

Estos dos personajes, enfrentados por un credo distinto y por una guerra, pudieron forjar una amistad que perduró aún a pesar de las circunstancias.  Boabdil vivió atravesado por mil dilemas. Por un lado, su padre, Muley Hacén, era un belicoso rey que miraba a su hijo con desdén cuando lo veía cargados de libros de poesía, de ciencia, de astronomía…y que le relegó en la sucesión a la corona, favoreciendo al nuevo hijo habido con “Zoraida” (la cautiva cristiana “Isabel de Solís”). Y por otro, su madre, Aixa, experta en intrigas, que le utilizó para no perder sus privilegios en la corte.

La historia de la extraña amistad comenzó cuando Boabdil, tras la batalla de Lucena en 1483, cayó preso de los Reyes Católicos. Durante el cautiverio, que duró ocho meses,el rey Fernando mandó a Gonzalo de Córdoba para negociar con él porque sabía árabe. Fue en esos encuentros, en el castillo de Cabra (donde curiosamente el Gran Capitán también había estado encerrado durante dos años) cuando se gestó la amistad entre los dos enemigos.

Ambos ilustrados militares constataron que estaban unidos por lazos de identidad espiritual. La prueba más evidente de la confianza que les unió fue el pacto que alcanzaron. Boabdil se comprometió a continuar batallando contra su padre a fin de derrocarle. Los reyes católicos decidieron así liberarlo pero le exigieron antes que dejara en prenda a su hijo como garantía para el cumplimiento de su palabra. Boabdil, resignado, aceptó, pero exigió que su vástago quedara bajo la protección de Gonzalo de Córdoba convirtiéndose éste en su tutor.

Boabdil y Gonzalo de Córdoba tenían muchas cosas en común: Ambos compartían una misma visión política de lo que estaba sucediendo. Los dos eran hombres del futuro pero los dos se veían atados a un deber que consideraban por encima de sí mismos. Eran enemigos de los radicales, de los fundamentalistas islámicos que habían decretado la Guerra de Granada como una “yihad” y de los inquisidores cristianos que habían conseguido bautizarla como una cruzada con la bendición del papa. Ambos conocían la cultura y el idioma del contrario, y preferían comprenderlo antes que demonizarlo. Y sin embargo, los dos aceptaron su destino, combatir el uno contra el otro por lealtad a su país.

A pesar de los acuerdos alcanzados, finalmente se reanudó el enfrentamiento. Este nuevo estallido de la guerra entre árabes y cristianos fue un duro golpe para los dos. Tras dos años de continúas luchas y cercada la ciudad de Granada, Boabdil inició conversaciones con su amigo Gonzalo de Córdoba que acabaron con la rendición y la entrega de la ciudad. Boabdil recibía en compensación el señorío de la Alpujarra hacía el que marchó acompañado de su madre que, como dice el anónimo romance reprochó a su hijo las lágrimas al contemplar por última vez la cuidad de Granada con la rotunda frase:

“Llora como  una mujer lo que no has sabido defender como un hombre”.

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Desterrado en las Alpujarras, las estrellas negras que le perseguían desde su nacimiento (así lo acreditó un visionario al que consultaron cuando era un bebé) le siguieron persiguiendo. Su mujer murió a los pocos meses por una enfermedad. Sabedor del incumplimiento de los pactos y de que los árabes seguían sufriendo represalias, y presa de los remordimientos, al final decidió que asentarse en el norte de África, en la corte de un pariente suyo. En el país norteafricano falleció en 1527.

Gonzalo de Córdoba, que acabaría siendo virrey de Nápoles, ganó la guerra pero no se sintió vencedor en ningún momento. Menos cuando los nuevos gobernantes cristianos de Granada se desentendieron de las cláusulas que les obligaban a respetar a la población musulmana. Pero Gonzalo era un hombre ambicioso, legítimamente ambicioso, y sabía que su carrera militar debía continuar, lejos de Granada, lejos de la península. De hecho solo alcanzaría su plenitud en Italia, donde se impregnó de las ideas del Renacimiento y alcanzó el sobrenombre de El Gran Capitán.

Cuenta la leyenda que fue Gonzalo Fernández de Córdoba escoltó a Boabdil en su viaje, emprendiendo el camino hacia el exilio por tierra a caballo, hasta Motril, y por mar en barco, hasta la ciudad de Fez, en Marruecos, allí ambos personajes se despedirían con un emotivo abrazo de gran amistad para nunca más volver a verse.

Esta es una relación que simboliza la posible convivencia entre musulmanes y cristianos en la Península Ibérica, que no pudo ser porque al final los radicales arrasaron cualquier entendimiento entre ambas culturas.

Fuentes:
ABC
ElCultural.es
Asociación Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba

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Un pensamiento en “BOABDIL Y EL GRAN CAPITÁN, LA HISTORIA DE DOS ENEMIGOS QUE FORJARON UNA AMISTAD!!!

  1. Buenos amigos convertidos en adversarios en un conflicto, pero permaneciendo amigos hasta despedirse asi por obligatoriedad causa mucho pesar. Dos grandes figuras de la reconquista en España.

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