La Papisa de Roma, realidad o ficción!

La Iglesia Católica es una institución en la cual, como casi todas las religiosas mayoritarias, el papel de la mujer ha estado siempre relegado a un segundo lugar, el de abnegación y obediencia, pero nunca a uno protagonista y de relevancia. La figura principal y cabeza de la Iglesia es ostentada por el Papa y, desde tiempos de San Pedro, hasta donde sabemos, siempre ha contado con Papas varones. O eso es lo que nos han hecho creer!!

Los cónclaves, en los que se elije al nuevo Papa cuando el anterior ha fallecido, están envueltos en miles de leyendas y anécdotas, pero una de ellas pone en cuestión que todos los líderes de la Iglesia hayan sido hombres. Según el mito, una mujer llamada Juana, disfrazada de varón, fue elegida Papa y gobernó entre los años 855 y 857.

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Un fotograma de la película «La pontífice»

Existen varias versiones e incluso contradicciones sobre este hecho. Se conocen dos versiones, la del monje dominico, Jean de Mailly, quien incluyó este relato en su libro “Siete dones del Espíritu Santo” y advierte que los hechos ocurrieron alrededor del año 1100 DC. La narración cuenta que la papisa, vestida como hombre, logró ser nombrada Papa, hasta que murió cuando dio a luz un niño. La segunda versión la da Martín el Polaco, quien vivió en la Curia romana y fue penitenciario del Papa. De acuerdo con esta versión durante una procesión en Roma desde San Pedro a la basílica de San Juan de Letrán, dio a luz un niño y murió de inmediato.

LA HISTORIA DE LA PAPISA

En síntesis, los relatos sobre la Papisa sostienen que Juana, nacida en el 822 cerca de Maguncia (Alemania) era hija de un monje y que, a escondidas de su padre pues le estaba vedado a las mujeres, tuvo la oportunidad de estudiar y de aprender griego, lo cual le permitía leer la Biblia. Para seguir sus estudios, se hizo pasar por hombre adoptando el nombre de Johannes Anglicus, lo cual le permitió viajar y seguir aprendiendo y esto le permitió convertirse en toda una erudita. Su gran poder de oratoria, le labró un gran futuro dentro de la Iglesia  llegando a  alcanzar la posición de consejero del Papa León IV.
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Papisa Juana dando a Luz

Tras la muerte de Léon IV se imponía la elección de un nuevo Papa y Johannes fue uno de los candidatos. Por entonces, la elección papal no dependía de los cardenales sino de las votaciones de todos los fieles de Roma, esto es, tanto del clero como del pueblo, y su popularidad la alzó al liderazgo de la Iglesia.

Dos años después, tras haber mantenido relaciones con el embajador Lamberto de Sajonia, quedó embarazada. La Papisa, que disimulaba un embarazo gracias a las enormes túnicas que vestía, comenzó a sufrir las contracciones del parto, que se había adelantado, en medio de la procesión del Corpus y dio a luz en público. Las distintas versiones se contradicen, según Martín el Polaco, murió a consecuencia del parto, si bien para  Jean de Mailly, Juana fue lapidada por el gentío enfurecido; pero también hay otros que sostienen que murió atada a los pies de un caballo que la arrastró por toda la ciudad hasta extramuros.

Se cuenta que desde entonces las procesiones, para alejar los recuerdos dolorosos, evitaron en lo sucesivo pasar por la iglesia de San Clemente, lugar del parto, en el trayecto del Vaticano a Letrán.

Siempre según la leyenda, la suplantación de Juana obligó a la Iglesia a proceder a una verificación ritual de la virilidad de los papas electos. Así las cosas, se fabricó un asiento papal conocido como «sedia stercoraria» que disponía de un agujero en el centro del mismo. Según numerosos escritos, éste se utilizaba una vez elegido nuevo Papa tras el cónclave y su función era determinar mediante el palpado testicular si el nuevo Pontífice era realmente un varón. Acabada la inspección, si todo era correcto, debía exclamar: «Duos habet et bene pendentes» (‘tiene dos y cuelgan bien’)*

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Prueba de masculinidad del Papa Inocencio X al asumir el pontificado.

REALIDAD O LEYENDA 

La opinión más extendida es que se trata de una leyenda que, sin embargo, fue dada por cierta por la propia Iglesia hasta el siglo XVI. Ninguna crónica contemporánea a los hechos narrados acredita la historia y la lista de papas no deja ningún resquicio y no se precisa a qué Pontificado correspondería, aunque se barajan los de Juan VIII o Benedicto III. 

La hipótesis principal sobre la génesis de esta leyenda es un intento de desprestigio de la figura Juan VIII que recibió el sobrenombre de «papisa Juana»  por lo que sus opositores consideraron debilidad frente a la Iglesia de Constantinopla. Esto provocó que fuese tachado de poco varonil y se le adjudicara una «actitud femenina». O quizá por el mismo sobrenombre aplicado a Marozia, autoritaria madre de un Papa posterior, Juan XI, la cual dominaba la iglesia como si fuera un Papa e influía en la política romana.

Realmente fue a finales del siglo XII cuando surge la historia de Juana, la mujer que fue Papisa. La leyenda se extendió rápidamente sobre todo gracias al relato de finales del S. XIII (justo en el momento de la Reforma  Gregoriana) hecho por Martín el Polaco en su “Crónica de los pontífices romanos y de los emperadores”. Esta rápida propagación y sobre una gran extensión geográfica puede hacer suponer que ya existía con anterioridad .

En los siglos XIV y XV esta Papisa era ya considerada como un personaje histórico, y nadie dudaba de su existencia. Ocupaba un lugar entre los bustos de la Catedral de Siena, si bien, bajo el Pontificado de Clemente VIII fue transformado en el Papa Zacarías. El teólogo protestante Jan Hus hace mención de la Papisa Juana y nadie cuestionó históricamente su existencia. Este teólogo veía a la Papisa Juana como la encarnación de la prostituta de Babilonia descrita en el Apocalipsis de San Juan.

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La papisa Juana en las cartas del tarot, representada como la ramera de Babilonia.

“Las aguas que has visto, donde se sienta la ramera, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.

Y los diez cuernos que viste, y la bestia, aborrecerán a la ramera, la dejarán desolada y desnuda, devorarán sus carnes y la quemarán con fuego.

Dios ha puesto en sus corazones el ejecutar lo que él quiso: ponerse de acuerdo y dar su reino a la bestia hasta que hayan cumplido las palabras de Dios.

Y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra”.

Apocalipsis de San Juan

Así pues, ¿realidad o mito? Lo que sí parece cierto es que es una historia con gran contenido misógino. La Iglesia siempre ha buscado silenciar a aquellas mujeres que han jugado un papel importante en algunos Papados, como es el caso de la ya aludida Marozia de Spoleto o de Olimpia Maidalchini, a las cuales las ha enterrado en el absoluto silencio histórico, para que no se sepa de su existencia.

Sin embargo la prueba de la importancia de la mujer en su participación en la Iglesia  la tenemos en el pasado con mujeres que dirigieron a Papas, como Hildegarda de Bingen, que en el siglo XII les asesoraba y que Benedicto XVI canonizó y proclamó doctora de la Iglesia; Eloísa, una mujer sabia y que estudió mucho aún siendo mujer; Leonor de Aquitania, que fue reina de Francia e Inglaterra; o Clara de Asís, que cobra fuerza en el siglo XIII quien también aconsejaba y consolaba a los pontífices. También las beguinas, que fueron promovidas por la Orden de los Dominicos; y en el XIV a Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia.

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La estatua que aún sigue en pie en Roma: Juana coronada con la Tiara papal

Así pues, puede que la historia sea cierta y la Iglesia la haya intentado silenciar para restar le importancia, o puede que sea falsa y se haya utilizado como prueba ejemplarizante de la maldad e impureza de la mujer y para condenar así sus pecados. Lo que sí es cierto es que, hoy por hoy, la Iglesia católica sigue teniendo vetado el acceso de una mujer a cualquier papel de peso en la jerarquía eclesiástica, y mucho menos a la posibilidad de llegar a ostentar la silla papal.

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Ilustración de un manuscrito en el que aparece la Papisa Juana coronada con la Tiara Papal. Bibliothèque Nationale de France. Artista desconocido, .c 1560

* PRUEBA TESTICULAR 

Por cierto, la historia de la prueba testicular, sí fue un mito, las sillas perforadas exhibidas en su apoyo no son al parecer otra cosa que las «sillas curiales». Según María del Mar Graña Cid, profesora de Historia de la Iglesia Medieval de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas, «La teoría más sensata es que se trataba de sillas romanas de mármol que se usaban en las termas para lavarse. Como se trataba de mármoles preciosos fueron a parar al Vaticano y fueron utilizadas por los pontífices. Hay una en el Vaticano y otra en el Museo del Louvre, que se llevó Napoleón».

Sin embargo, a pesar de que la historia niegue la existencia de la papisa Juana, numerosos cuadros representan su leyenda e incluso Liv Ullman dirigió una película sobre la única mujer que pudo algún día liderar la Iglesia Católica.

FUENTES: 

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