Disciplina y castigo en las legiones de Roma

“Un hombre que se enrola en el ejército cambia de vida por completo. Deja de ser alguien que toma sus propias decisiones y emprende una vida nueva, dejando atrás la anterior”

Así explica el escritor Artemidoro el drástico cambio de vida que experimentaba quien se convertía en legionario romano. Lo cierto es que eran muchos los que aspiraban a emprender esa carrera, pues la vida en el ejército garantizaba comida, alojamiento y un salario que, si bien no era superior al de un trabajador libre, sí tenía la ventaja de ser fijo. Además durante el servicio, el soldado podía aprender un oficio, e incluso a leer y a escribir, y recibía asimismo mejor atención médica que la media de los demás romanos. Además, confiaba en que al licenciarse recibiría una cantidad de dinero o un terreno.

Si bien, los puestos de legionario estaban reservados a los ciudadanos, los que no lo eran podían alistarse en las tropas auxiliares con la esperanza de obtener la ciudadanía al término de su servicio.

Naturalmente, había contrapartidas: el legionario debía someterse a las órdenes de los mandos, y soportar castigos corporales e incluso la pena capital sin grandes opciones de defensa. Tampoco podía casarse legalmente, aunque en la práctica muchos soldados tenían esposa e hijos no reconocidos oficialmente.

DISCIPLINA Y CASTIGO 

 La fuerza del ejército no residía exclusivamente en el armamento y la táctica, sino también en la disciplina, es decir, en la costumbre de consentir en hacer el esfuerzo que exige el superior. Los generales imponían a los soldados largas marchas, duros trabajos y muchas privaciones y castigos cuando la obediencia se relajaba. Desde su transformación en un ejército profesional, compuesto por hombres disciplinados y eficientes, las legiones de Roma fueron la punta de lanza del Imperio.

El sistema disciplinario del ejército romano ya era severo cuando las legiones se reclutaban de entre ciudadanos ricos que servían por un sentido de lealtad al estado. Cuando el ejército se convirtió en una fuerza profesional, los castigos no hicieron sino aumentar su brutalidad. Existe un manual bizantino, el Strategikon, cuya fecha es muy posterior al periodo Imperial, que preserva órdenes en latín que probablemente habían cambiado muy poco desde el principado. Se destacan constantemente el silencio y la disciplina más rígida: por ejemplo, los optiones que caminaban tras la última fila útil de la formación llevaban grandes garrotes con los que golpeaban a cualquiera que se saliese de su sitio o hablase con un compañero. El vitis, la vara de un centurión hecha del sarmiento de una parra, se utilizaba frecuentemente para azotar a los culpables de las faltas mas leves. Como una “falta leve” podía ser prácticamente cualquier cosa a los ojos de los centuriones, raro era el soldado que mantenía la espalda yerma de cicatrices (1) La pena de muerte, sin embargo, requería la aprobación de oficiales de mayor rango.

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En la actualidad, la disciplina militar y algunos de los castigos aplicados a las legiones, que ahora veremos, siguen estando vigentes. En algunos casos los castigos se imponían a nivel colectivo a una legión, pero lo habitual era que afectara a nivel individual o solo a pequeños grupos que habían dado muestras de indisciplina como abandonar las guardias durante la noche, hacer de forma incorrecta los relevos u olvidar la contraseña, etc. De hecho, existía una larga lista de castigos que se imponían en función de la gravedad de la falta o del nivel de reincidencia del soldado.

Los castigos individuales para faltas leves eran los siguientes: 

  • Castigatio. Consistía en recibir unos cuantos palos, que podían ser uno o unos pocos con el vitis o una verdadera paliza a bastonazos por parte del centurión.

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  • Pecuniaria multo. Se trataba de una multa, normalmente mediante la confiscación de parte o del total de la paga (stipendium) en función de la gravedad de la falta y/o los daños a reparar. Este castigo se solía aplicar por haber causado daños a la población o haber perdido parte de sus pertrechos sin importar la situación, ya fuese en combate, despiste o robo. El dinero reducido era empleado en reparar los daños o recuperar los pertrechos perdidos.
  •  Munerum indicto. Consistía en la realización de tareas extra, como limpiar las letrinas, los establos o incluso, realizar una guardia sin cingulum (cinturón), pareciendo que el legionario lleva un vestido de mujer. Según cuentan las fuentes, puesto que  estos castigos solían ir acompañados de alguna vejación u humillación, en algunas ocasiones,  se evitaba con un intercambio por un “pecuniaria multo”, que podría considerar un soborno al centurión que te había impuesto la tarea. Esto acarreaba que algunos centuriones aplicaran algún castigo injusto para obtener un sobresueldo.
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Cingulum romano – cinturón utilizado por los soldados del ejército romano para ceñir su túnica y colgar sus armas de filo, como el gladius o el pugio.

Cuando la falta era más grave, el castigo también lo era y suponía que los oficiales se tuviesen que emplear más a fondo y que, en algunas ocasiones, podían conllevar la muerte:

  • Militiae mutatio: Consistía en que el legionario perdía el grado o los privilegios obtenidos por la antigüedad.
  • Gradus deiectio: Además de lo anterior, se añadía el cambio a otra unidad de inferior rango, pudiendo pasar a la infantería de marina o incluso a las tropas auxiliares.
  • Animadversio Fustium: Se solía aplicar por haberse quedado dormido durante una guardia  Era un castigo público y bochornoso ante la legión, cohorte o centuria en la que el castigado es flagelado con el látigo.
  • Fustuatium: Si el soldado en esta ocasión se dormía estando en campaña, la condena consistía en ser golpeado hasta la muerte por su propios compañeros cuya vida habían puesto en peligro, bien mediante una paliza o apedreándole. La sentencia se dictaba por los militares de mas alto rango de la legión con un grado mínimo de tribuno militar.
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    Fustuatium – Ser golpeado hasta morir

    Polibio explica al detalle cómo se procedía en estos casos:

«Se convoca al punto el consejo de tribunos, se celebra el juicio y, si el hombre es declarado culpable, se le apalea. El procedimiento es el siguiente: el tribuno, provisto de una vara, roza suavemente al condenado. Inmediatamente todos los miembros de la legión le apalean y apedrean; en la mayoría de los casos el reo muere allí mismo».

E incluso ni siquiera muertos podían descansar en paz. El escritor Valerio Máximo recuerda que en los tiempos gloriosos de la República los castigos contra la indisciplina debían ser ejemplares y en varios casos se reclamó expresamente que a los soldados castigados «nadie les diera sepultura y que nadie llorara su muerte».

En caso de traición o de robo, era normal en los legionarios introducir desnudo al legionario castigado en un saco lleno de serpientes y arrojarlo al río.

Pero, si un legionario moría bajo la ejecución de un castigo sobre él por la brutalidad, el ejecutor del castigo podía sufrir el mismo destino si el castigo no era una pena de muerte.

Pero también existían CASTIGOS COLECTIVOS aplicados a toda una unidad, y en casos muy graves, incluso a toda una legión.

  • Frumentum mutatum. La unidad era castigada con el alimento “frumentum” y perdía el derecho a algún alimento extra, o  pasaba a comer alguno de peor calidad, como por ejemplo, eliminando por completo la carne y sustituyendo el trigo generalmente por cebada o centeno, cereales utilizados como forraje para el ganado. A veces el centurión colmaba este castigo añadiendo una reducción de salarios generalizada.
  • Extra muros. En este caso, la unidad caída en desgracia era obligada a acampara fuera del campamento expuestas, por tanto, a los posibles peligros que acechaban fuera del recinto amurallado.  Muchas veces con la decimatio iba acompañado este castigo hasta que los legionarios volviesen a recuperar su honor
  • Misso ignominosa. Era uno de los castigos más duros para una unidad y consistía en la expulsión “con deshora” del ejercito.
  • Decimatio. Quizás el más cruel y severo de los castigos militares y sin duda uno de los castigos mas conocidos en las legiones romanas por su brutalidad. Como su nombre indica, consistía en diezmar una unidad o incluso una legión. Esto es, ejecutar a uno de cada diez hombres elegidos al azar y ser ejecutados por su propios compañeros mediante lapidaciones o golpes de vara y donde no se tenía en cuenta la posición o los logros militares acumulados. Si se negaban a hacerlo eran ejecutados. A los supervivientes se les aplicaba además otros castigos, como ser obligados a dormir fuera del campamento (extra muros) , lo cual era más peligroso en época de guerra, el frumetnrum mutatum y, en ocasiones eran obligados a renovar el juramento militar.(sacramentum),para garantizar que no habría una futura rebelión.

Así lo describe el historiador bizantino Juan Zonaras,

«Una vez que los soldados han cometido una falta grave, su jefe los reparte en grupos de diez, tomando un soldado de casa grupo, mediante sorteo, y éste es condenado a muerte a manos de sus propios compañeros».

Suetonio

“Si alguna cohorte rehúye de la batalla, él (Augusto) las decimaba, y alimentaba a los supervivientes con cebada”.

Aunque en tiempos del Imperio estaba prácticamente en desuso, durante la República fue utilizado en varias ocasiones.  La decimatio (o vicesimatio, otras veces, dependiendo del criterio del general) era un castigo que ya aparece citado en la Primera Guerra Púnica contra los cartagineses y solo se empleaba en casos extremos de sedición y cobardía. En especial, era aplicado tras huidas o deserciones o por abandono de las posiciones en combate. Tal fue la suerte de las dos legiones de Fabio Rullo, que hablan huido delante del enemigo.

DECIMATIO, UN CASTIGO EJEMPLAR 

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Laurence Olivier interpreta a Marco Licinio Craso en el film “Espartaco” de 1960

Otro de los casos ocurrió durante la revuelta de Espartaco (73 a.C. – 71 a.C.) donde el cónsul Marco Licinio Craso aplicó la decimatio en 30.000 hombres por las lamentables derrotas contra el caudillo de los esclavos.

Marco Antonio también usó la pena para diezmar a dos de sus cohortes que huyeron con cobardía cuando el enemigo incendió sus máquinas de asedio luchando contra los partos. La legión III Augusta sufrió el mismo destino en el 18 a.C. por haber huido de la batalla contra los númidas en África.

Con el paso de los años, la decimatio, fue cayendo en desuso. De hecho, la compilación de leyes del «Digesto» solo la cita como pena alternativa. No obstante, Tácito todavía se refiere en su narración de la guerra de Tacfarinas, en el año 23 d.C, a este castigo como respuesta del general Lucio Aproniano a la huida de sus tropas:

«Más afectado por el honor de los suyos que por la gloria del enemigo, Aproniano recurrió a una práctica rara por aquella época y que recordaba los tiempos pasados diezmar a la cohorte deshonrada dando muerte a palos a quienes correspondió por sorteo».

También en la etapa de Octavio al frente de Roma aparece este castigo citado durante la guerra contra los Dálmatas en el año 34 a.C. Además, Suetonio recuerda que Calígula tuvo la tentación de recuperar la decimatio cuando estaba preparando una campaña contra tribus germanas.

Según las fuentes, con el emperador Servio Sulpicio Galba, (3.a. C. – 69 d.C.) se abolió la pena por decimatio. A pesar del fin del decimatio se aplicaron otras penas para los legionarios que abandonaban su puesto en los combates. Son conocidas la crucifixión o arrojarles a las bestias.

Vuelve a mencionarse durante la historia de San Mauricio y la Legión Tebana. Así, Mauricio era el general de una legión integrada por cristianos egipcios, que fue llamada a la Galia, en concreto a la ciudad de Agaunum, por el emperador Maximiliano. Ante la negativa de cumplir la orden de dar muerte a otros cristianos, todos ellos recibieron el famoso castigo, y tras una segunda negativa los supervivientes fueron martirizados hasta la muerte. La veracidad del relato, no en vano, es muy cuestionada por los historiadores debido a que el castigo llevaba siglos sin aplicarse y a lo inverosímil de que hubiera una legión entera integrada por cristianos.

FUENTES 

Legionario. El manual (no oficial) del legionario romano. Philip Matyszak. Akal, Madrid, 2011.
El ejército romano. Adrian Goldsworthy. Akal, Madrid, 2010.
La legión. Libro X de Quinto Licinio Cato. Simon Scarrow. Editorial Edhasa, Barcelona, 2012.

NATONAL GEOGRAPHIC,  Legiones de Roma, la vida en el campamento
LEGIONARIO DE ROMA, Castigos en las legiones romanas
HISTORIA Y BIOGRAFÍAS, La disciplina militar en ejercito romano
abc. es, La decimatio, el castigo de las legiones romanas
ROMA VICTIX, LA disciplina en la legión

NOTAS 

1- Tácito nos cuenta que en el año 114 D.C. las legiones del Rhin habían linchado a un centurión, apodado cedo alteram, literalmente “tráeme otro”: el sobrenombre se debía a su costumbre de calentar la vara en los lomos del legionario de turno mientras pedía a gritos otro “vitis” para no perder el ritmo.

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3 pensamientos en “Disciplina y castigo en las legiones de Roma

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