El gladiador que murió por un error arbitral!!

Algunas de las historias que nos cuenta Hollywood nos pueden hacer pensar que la vida de los gladiadores era un brutal combate tras otro (si lograban sobrevivir), con miles de ciudadanos romanos clamando su sangre. Sin embargo, no era tan así!!

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Un mirmillon representado en el cuadro Pollice Verso, por Jean-Léon Gérôme (1872).

Los gladiadores eran considerados grandes atletas, muy bien tratados, altamente calificados y aclamados por multitudes de admiradores, incluso su sangre y sudor eran muy cotizados. Y aunque la mayoría eran esclavos, algunos romanos libres se ofrecían a ser luchadores para disfrutar el estilo de vida de los gladiadores.

Eran sometidos a rigurosos programas de entrenamiento, bajo las órdenes de gladiadores retirados que les ayudaban a perfeccionar sus técnicas de combate.

¡A la arena!

Estos espectáculos, de orígenes etruscos, nacieron como parte de las ceremonias que se destinaban a honrar la memoria de los fallecidos. En Roma, en especial durante el Imperio, se volvieron el espectáculo preferido de las masas y de la aristocracia.

Las grandes peleas generaban mucho interés y hasta 50.000 espectadores se podían apretujar en el Coliseo junto con el Emperador y miembros de las mejores familias para disfrutar del show. No sólo los combates sino también exóticos vestuarios y animales tornaban el evento en algo más parecido al teatro y el espectáculo.

Los gladiadores representaban grandes inversiones, debido a su entrenamiento y estilo de vida, de manera que los promotores eran reacios a la idea de que los mataran. De hecho, los gladiadores rara vez morían en los encuentros. En realidad, la mortalidad en los combates no era tal y como la hemos visto en las películas, sino que en muchas ocasiones se perdonaba la vida de los vencidos, y si se les mataba, era para aliviar su sufrimiento, clavándoles un arma blanca entre la clavícula y el omóplato hasta llegar a su corazón, considerando esta una forma de muerte más digna que dejarle perecer por sus heridas en la arena.

gladiadores

Tipos de Gladiadores

Así pues, las peleas en los anfiteatros rara vez se tornaban en batallas campales que terminaban en baños de sangre. De hecho, había reglas estrictas que un árbitro, el summa rudis – generalmente un gladiador retirado, y su asistente hacían cumplir, y que variaban de acuerdo a la combinación de gladiadores que se enfrentaban.

A pesar de que estas reglas exactas no son bien conocidas, puede obtenerse alguna información a partir de las referencias en los textos que nos han llegado y en el arte. La primera, evidentemente,  era que el árbitro debía velar por el “juego limpio” entre los contrincantes que se batían a muerte.

Entre las reglas que se aplicaban a los combates estaba la de que el gladiador derrotado podía pedir la sumisión, y si esta petición era aprobada por el munerarius  (el adinerado que costeaba el espectáculo), el contendiente podía salir de la arena sin más daño.

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Mosaico que muestra a un gladiador ‘retiarius‘ llamado Kalendio en lucha con otro gladiador ‘secutor’ llamado Astyanax. Con un bastón aparece el ‘summa rudis’, acompañado, en la viñeta de arriba, por su asistente o ‘secunda rudis’. Museo Arqueológico Nacional, Madrid.

Otra de las reglas era la que si un gladiador caía al suelo por accidente y sin haber sido tirado por su oponente, se le permitía volver a levantarse, recoger su equipo y reanudar el combate.

¡La Historia de una traición! 

Un enigmático mensaje en una lápida sepulcral de un gladiador romano que vivió hace 1.800 años,  cuando el imperio estaba en su apogeo y su territorio se extendía desde la Muralla de Adriano en Inglaterra hasta el río Éufrates en Siria, ha sido finalmente descifrado, y nos cuenta la historia de una traición. 

diodorus

Esta lápida funeraria de hace 1.800 años representa a un gladiador con dos espadas en las manos que permanece de pie frente a su oponente, que desde el suelo parece hacer una señal de rendición. La inscripción que figura a continuación indica que aquí fue enterrado Diodoro, un gladiador.

“Después de derrotar a mi oponente Demetrio, no lo maté de inmediato”
“El destino y la astuta traición del ‘summa rudis’ me mataron”

Este enigmático mensaje en una lápida sepulcral, sobre un gladiador romano que existió hace 1800 años, fue finalmente descifrado, contando una historia de traición.

La lápida sepulcral, que fue descubierta hace un siglo en Turquía,  fue donada al Museo del Cincuentenario de Bruselas (también conocido como Reales Museos de Arte y de Historia), poco antes de la I Guerra Mundial. Muestra la imagen de un gladiador con lo que parecen ser dos espadas en la mano, mientras permanece de pie delante de su oponente, que hace señales de rendirse. La inscripción dice que la piedra marca el lugar donde está enterrado un hombre llamado Diodoro. También indica que Diodoro nació y combatió en Amisus, en la costa sur del Mar Negro en Turquía.

El epitafio y la composición artística sobre la lápida sugieren, según el experto Michael J. Carter , (profesor de la Brock University, en St. Catharines, Canadá), que Diodoro perdió el combate (y su vida) debido a un error del árbitro.

Carter interpreta la imagen del gladiador que sujeta las dos espadas como un momento de esa lucha final, cuando Demetrio había sido derribado y Diodoro había agarrado la empuñadura de su espada: “Demetrio hace señales de rendirse para que Diodoro no lo mate; este retrocede esperando ser él el ganador de la lucha”.

El combate parece haber terminado. Sin embargo, el summa rudis – tal vez interpretando la caída de Demetrio como accidental, o quizás por “algún otro motivo posterior”, debió permitir que aquel volviera a retomar la lucha y a recuperar su escudo y su espada, momento que aprovechó para herir de muerte a Diodoro.

Este evento habría ocurrido ante una multitud de cientos de personas, si no miles, en algún anfiteatro o en algún estadio reconvertido en un mini-Coliseo.

Tras la muerte de Diodoro, quizás siguiendo instrucciones del moribundo, quien encargó su lápida (probablemente un familiar o un amigo) hizo constar dicha suerte en su lápida a modo de epitafio para así dar a conocer la injusticia y traición que lo llevó a la muerte.

FUENTES: 
Roman Gladiator’s Gravestone Describes Fatal Foul. Artículo de Owen Jarus en Livescience (Traducción LTdN)

Crédito de la imagen: Royal Museums of Art and History, Brussels.

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