Las reformas de los Gracos

Los hermanos Graco, Mueso de Orsay (París)

Roma había nacido como una pequeña aldea en la que, en sus distintas colinas, se asentaron diferentes tribus que, con el paso del tiempo, llegarían a formar el mayor de los imperios de la antigüedad en el Mediterráneo. Si bien, el mito nos cuenta que su fundación su produjo un 21 de abril del 753 a.C. por los gemelos Rómulo y Remo, la arqueología nos muestra otra realidad quizás no tan heroica. Esta incipiente ciudad nacida del mito, irá pasando por una serie de etapas, comenzando por Monarquía, a la que siguió la Republica hasta llegar al Imperio. Etapas que discurrieron en marco temporal de un millar de años con no pocos cambios y conflictos, y que, tras la caída el Imperio de Occidente continuó 10 siglos más en Oriente.

La República había nacido tras la caída del último monarca Tarquinio. Aquella Monarquía, en la mentalidad romana, sería sinónimo de corrupción y de muestra de los peores vicios, por lo que su mera mención o sospecha de restitución, llegó a ser incluso del magnicidio, de Julio César. La República, por otro lado, se convirtió el ejemplo de las mayores virtudes de Roma, virtudes que representaban las cualidades que debía mostrar todo romano y que dieron a la República Romana la fuerza moral para conquistar y civilizar el mundo conocido: Clementia, Dignitia, Pietas, Ops, …

Sin embargo, la República también adolecía de ciertos defectos que serían fuente de conflictos e inestabilidades, como las que tuvieron lugar en los tiempos de los Gracos.

Sus nombres, Tiberio Sempronio Graco y Cayo Sempronio Graco, revelan un origen dentro de las élites romanas. Eran hijos del General y estadista Tiberio Sempronio Graco, de gran recuerdo en Hispania donde hizo reparticiones de tierra a los íberos y firmó con ellos tratados que mantuvieron la Península pacificada unos 25 años, y de Cornelia, hija a su vez del General Publio Cornelio Escipión «el Africanus» y de Emilia Tercia, de la familia de los Emilianos.

Los Gracos vivieron el renacer de Roma cuando su abuelo materno eliminó en Zama a temido Aníbal, y ésta se extendió por el Mediterráneo imponiéndose a las demás ciudades estado gracias a su flota y ejército, lo que supuso un aumento de sus territorios y líneas comerciales. La urbs se estaba transformando de una ciudad-estado, a algo más que eso. Este cambio de paradigma, en especial desde la II Guerra púnica, paradójicamente provocará el inicio de una crisis de la República.

Durante la década que va desde el 133 al 122 a. C. ambos hermanos obtuvieron el cargo de tribuno de la plebe desde donde intentaron un movimiento reformista ante esta crisis.

LOS CAMBIOS DEL S. III – LAS CAUSAS DE LA CRISIS – «DEL MINIFUNDIO AL LATIFUNDIO»

La PRIMERA CAUSA se detecta en el ejercito. Hasta el momento, el sistema de reclutamiento y de guerra era estacional, por lo que las tropas romanas nunca iban demasiado lejos. Pero tras la I Guerra Púnica ((264-241 a. C.), los primeros cuarteles permanentes se hicieron necesarios.

Como consecuencia de la primera, la SEGUNDA CAUSA fue el abondo consecuente de las tierras. Muchos legionarios eran campesinos y el pacto con Roma era sencillo para ellos: durante una estación abandonaban sus campos a cambio de una reducida paga y el prestigio de servir en batalla. El problema empezó cuando estos campesinos tuvieron que desatender sus tierras durante demasiado tiempo debido a campañas muy largas o por atender campamentos permanentes. Esto provocaría un empobrecimiento de la propiedad debido a la ausencia del dueño, además del desarraigo de los propios soldados alejados de sus hogares por largas temporadas de sus tierras.

LA TERCERA CAUSA de la crisis republicana sería el del grano y los esclavos traídos de las conquistas. Todo ello desembocaría en un cambio del sistema agrario, de pequeñas propiedades a grandes latifundios, cultivados por mano de obra gratuita, los esclavos.

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La Italia rústica de los pequeños agricultores (aquellos romanos que en su día proporcionaron los mejores soldados al ejercito), estaba llegando a la ruina porque el estado comenzó a tener una cantidad enorme de grano traído de las posesiones en el extranjero: Sicilia, Cerdeña, Hispania y África. Este trigo, que era público, por su abundancia, se vendía a precios muy bajos con los que era muy arduo competir, lo que hacía que la mayoría de pequeños y medianos propietarios vendieran sus fincas [i]

Existía todavía en tiempos de los Gracos una ley promulgada en el año 220 a. C. que prohibía a los senadores el uso del comercio como negocio, por lo tanto todo las riquezas acumuladas, las invertían en la compra de varias de aquellas fincas convirtiéndolas latifundios. Igualmente, existían otras tierras de labranza, llamadas ager publicus, que en su origen habían pertenecido a agricultores enemigos adquiridas por derecho de conquista o por expropiación como represalia o castigo, que Roma había confiscado y concedido a especuladores. Así fue como se extendieron los latifundios comprados por senadores a precio de saldo, o bien entregados como pago por aportaciones a la guerra a especuladores. Dichos latifundios que eran trabajados por esclavos.

La sociedad romana, antaño estaba acostumbrada a los pequeños y libres cultivadores, empezó a confiar y a apoyarse cada vez más en la riqueza llegada de los saqueos de las batallas y en el trabajo de los esclavos que se ocupaban de toda clase de trabajo, tanto en la ciudad como en el campo. El proletariado se iba corrompiendo poco a poco con los subsidios y el ocio.

Con el tiempo, esta situación desembocó en el efecto de «la pescadilla que se muerde la cola». El empobrecimiento de los campesinos afectaría al Ejército, donde todo había empezado. Los soldados eran esos campesinos romanos que se pagaban su propio equipo y desempeñaban un rol distinto en función de su capacidad económica, pero con las pequeñas y medianas fortunas empobrecidas faltaban efectivos. El general Cayo Mario lo solucionaría años después con una reforma del sistema de reclutamiento.

El problema era tan evidente que comenzaron a surgir la primeras ideas de reforma que llegaron con los hermanos Graco y, como se ha dicho, más tarde con Cayo Mario.

SIGLO II – TIEMPO DE REFORMAS: LOS GRACOS

Situación socio política y económica

En resumen, en el s. II a.C. Roma estaba sufriendo importantes cambios. En lo social, el desarrollo del incipiente imperialismo romano, desde la victoria en la Segunda Guerra Púnica, había enriquecido notablemente a las clases medias y altas. La sociedad queda dividida, más o menos, en una oligarquía terrateniente que se encargaba de la dirección del estado y manejaba los órganos de gobierno; la clase de los ecuestres o caballeros que se ocupaban de los negocios, abastecimiento de los Ejércitos o la explotación de minas y canteras; y las masas populares, sin olvidar el estrato de esclavos y libertos. En el ámbito económico, como hemos visto, el régimen de propiedad ha pasado del minifundio al latifundio. La abundante llegada de productos agrícolas y el aumento de mano de obra esclava, unido a que  el nuevo orden ecuestre se adueña de los mejores mercados, obliga a los campesinos bien a trabajar en los latifundios o abandonar su modo de vida e instalarse en las ciudades donde normalmente encuentran miseria.

Optimates y populares

En cuanto a la política, la lucha clasista entre patricios y plebeyos de principios de la República da paso a otro tipo de confrontación entre dos grupos que surge de la propia clase dirigente pero diferenciados por el poder adquisitivo: Los optimates, que se consideraban guardianes de las tradiciones, preocupados por mantener el control del Senado; y los populares, que proponían una ampliación del Senado y reformas institucionales para resolver los problemas. Estaban capitaneados, los Optimates, por Escipión Emiliano, Q. Mucio Escévola y Calpurnio Pisón. Y los Populares tenían por Apio Claudio Pulcher y los hermanos Graco.

 Fresco «Cicerón acusando a Catilina» (1880). La pintura es obra de Cesare Maccari y se conserva en el Palazzo Madama de Roma, sede del actual Senado de la República de Italia.

En este estado de cosas, en el año 133 a. C. cuando Tiberio Graco fue elegido tribuno de la plebe, un cargo considerado sagrado, por su implicación con el pueblo, pues defendía a éste directamente ante el Senado. Éste puso en práctica su reforma agraria, beneficiado por la ausencia de oposición en Roma ya que uno de los cónsules, Calpurnio Pisón se hallaba en Sicilia sometiendo un levantamiento de esclavos, el otro cónsul Mucio Escévola era partidario suyo y su principal opositor, Escipión Emiliano estaba en Hispania.

La reforma propuesta por Sempronio Graco ya tenía antecedentes en Roma y en el fondo pretendía recuperar la ley agraria de Licinio y Sextio del s. IV a.C.

El programa de Tiberio Graco

  • Todos aquellos que habían ocupado tierras del ager públicus, que habían llegado a ser latifundios, sin concesión previa o arrendamiento del estado debían devolverlas. Sus nuevos dueños tendrían la obligación de emplear en ellas a hombres libres. Una vez devueltas las parcelas al Estado, se distribuirían entre los campesinos más pobres y necesitados en parcelas de 5 o 6 hectáreas cada una con la condición de no poderlas vender y de pagar un pequeño impuesto por ellas.
  • En el caso de que existiera esa concesión o arrendamiento tan solo podrían conservar 500 yugadas (unas 125 ha). Si tenía hijos se incrementaba en 250 yugadas por cada uno de ellos hasta un máximo de 1.000. El resto se devolvería al Estado.
  • Por último, y aquí posiblemente lo más controvertido, se creaba un tribunal, formado por tres miembros (Apio Claudio Pulcher y los hermanos Graco), que por turnos anuales debían alternarse en la dirección. Su misión, las concesiones de las tierras, decidían sobre qué tierras podían ser consideradas como públicas y cuales privadas.
  • La reforma incluía además el otorgar el derecho de ciudadanía a los italicos. Incluía además una serie de cambios para que el orden de los caballeros tuviera acceso a los tribunales.

Esta reforma agrícola, conocida como la Rogatio Sempronia, atajaba el problema desde la raíz lo que molestó mucho a la aristocracia romana, pues le quitaba lo conseguido. Esta norma de reparto de tierras estuvo bastante tiempo en vigor y permitió que la pequeña propiedad campesina se recuperara en Italia y que aumentara la población capaz de servir en el Ejército.

Para poder aprobar esta ley, Sempronio se valió de una artimaña para deshacerse de la oposición personificada en el otro Tribuno de la Plebe, M. Octavio, defensor de los intereses de la aristocracia romana, lo que se, junto con la configuración de la comisión del reparto de las tierras, antes mencionada, hizo que la sombra de la sospecha partidista se apoderó del escenario y que se acrecentaran los recelos entre las dos facciones .

Problemas para aplicar la nueva ley

El principal problema para la aplicación de la ley, fue el económico, pues los nuevos dueños de las tierras no tenían dinero para empezar las explotaciones, ni el Estado podía ayudar. Esta situación se solucionó con la llegada de la herencia del soberano de Pérgamo, Atalo III, que había legado su fortuna al pueblo de Roma. Según las nuevas leyes de Tiberio Sempronio Graco, las posesiones del rey de Asia Menor debían ser repartidas entre los ciudadanos romanos, lo que permitió a los nuevos propietarios la compra de utensilios de labor y que pudieran trabajar sus tierras. Esto supuso un nuevo mazazo para el Senado.

La muerte de Sempronio Graco

Tiberio iba ganando cada vez más enemigos, provocando revueltas y violencia, lo que desembocó en su asesinato. Cuando Tiberio, para continuar su labor reformadora, decidió renovar su cargo, algo ilegal en contra de la costumbre, sus enemigos hicieron correr la voz de que quería coronarse rey, todo un sacrilegio para los romanos.

La prórroga de permanencia para Tiberio debía ser aprobado. Pero aquel día no parecía ser el mejor para nuestro protagonista. Sus partidarios, mayoritariamente campesinos, se hallaban inmersos en su labor agrícola. Mientras la Plebe de la ciudad de Roma, ya había pasado por caja para recoger los “favores” de los ricos terratenientes optimates.

Fue el líder del Senado romano, Escipión Násica, el que decide dar un paso al frente; al grito de “síganme los que quieran defender nuestras leyes” ocasionó el tumulto que propició el primer golpe en la cabeza a Tiberio Sempronio Graco. Por cierto, golpe de cobardes en la nuca de nuestro protagonista que, tras caer al suelo, fue muerto a golpes y patadas, y posteriormente arrojado al rio Tíber.

El Senado no atendió ni siquiera la petición para extraer el cadáver del rio por parte del joven hermano de Tiberio, Cayo Sempronio Graco, que pasó el resto de sus días fielmente decidido a acabar el trabajo comenzado por su hermano.

CAYO GRACO

Diez años después el movimiento reformista fue retomado por su hermano Cayo. Apoyado por los seguidores de Tiberio y su intachable fama obtenida en Hispania en el año 123 a.C. Cayo Graco fue elegido tribuno de la plebe. Cayo además quiso ir un poco más allá y reformar la estructura del Estado en su totalidad. Propuso nuevas leyes, en total hizo 15 propuestas de ley, seis de carácter económico (precio máximo del trigo, reactivación de la ley agraria, regulación de impuestos en Asia, nuevos derechos de aduana y autorización de nuevas colonias); cinco leyes políticas para asegurar la libertad de los populares e impedir al Senado sabotear sus propuestas; y cuatro leyes de carácter moral y social como aumentar el Senado con caballeros, conceder el derecho de ciudadanía a latinos e itálicos o limitar la edad de ingreso en el ejercito entre otras.

Una de sus propuestas respecto a nuevas colonias fue la de crear una en Cartago que generó protestas en el Senado y supuso el centro de la campaña de desprestigio contra Cayo, ya que había sido maldecida por Escipión. Cayo Sempronio Graco cometió el gran error de pretender el tercer mandato, aunque ya no estaba mal visto, como tribuno de la plebe. Esta pretensión fue lo que colmó la paciencia del Senado que se puso en su contra. El Senado otorgó su apoyo al otro tribuno de la plebe, Livio Druso. Se desencadenaron revueltas en las que murieron más de 3000 partidarios de Gayo Graco y él mismo se suicidó en el bosque Furrina, en las laderas del monte Janículo de Roma.

Francois Topino-Lebrun «The Death of Caius Gracchus» 1798 Musee des Beaux-Arts de Marseille 

A pesar de la muerte del segundo de los Graco, ya no se podía volver a la situación anterior al inicio de la crisis del 133 a.C. ya que el pueblo se había acostumbrado a unos derechos a los que no estaba dispuesto a renunciar y la aristocracia, a pesar de su recuperación, ya no tenía la fuerza que tuviera en épocas pasadas.

Tras unos años, durante los cuales la obra de los Graco fue paulatinamente destruida y sus seguidores perseguidos, encarcelados y expulsados del Senado, comenzó a producirse una paulatina recuperación de los populares apareciendo figuras como Cayo Mario quien sería elegido cónsul seis veces entre el 107 y el 100 a. C. Se inicia el siglo I en el que los acontecimientos y personajes que surgirán nacidos de estos conflictos, desde Sila y Mario, Caatilina, Craso, Pompeyo y César, marcarán el fin de la República hasta llegar a Augusto y el inicio de un nuevo sistema de gobierno, el Imperio.

BIBLIOGRAFÍA

–CICERÓN: La República, Alianza Editorial, 2014.

–LÓPEZ BARJA DE QUIORA, J & LOMAS SALMONTE, J: Historia de Roma, Akal, 2004.

–OSGOOD, J: Roma. La creación del Estado mundo, Desperta Ferro, 2019.

–PINA POLO, F: La crisis de la República (133 – 44 a.C.), Síntesis, 1999.

WEBGRAFÍA

NOTAS


[i] Aunque esta visión no es errónea, las últimas investigaciones indican que la situación del pequeño y mediano campesino no era tan mala. El problema de reclutamiento, por tanto, sería un mezcla de un descenso de posibles reclutas (porque el latifundismo existió, solo que en menor medida de lo que se creía) y de una pérdida de prestigio de las legiones, enzarzadas en sangrientas luchas en Hispania contra lusitanos y celtíberos que proyectaron la idea de que la empresa militar podía no ser tan deseable como antes. De hecho, se cree que esta visión del empobrecimiento de pequeños y medianos campesinos se debe a una mala interpretación de la realidad de Tiberio Graco. Una aproximación actualizada a todo el proceso se puede encontrar en OSGOOD, J: Roma. La creación del Estado mundo, Desperta Ferro, 2019.

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