El Día de San Valentín: un invento de la Iglesia para acabar con la “lasciva” festividad de Las Lupercales!!

Pues sí, a pesar de lo que muchos creíamos, el Día de San Valentín no es un invento de los grandes almacenes, aunque, claro está, los comerciantes no han perdido la ocasión de sacar una buena tajada. Ni amor, ni pequeños angelitos capaces de volar y de lanzar flechas para entrelazar el destino de dos tortolitos. El origen del Día de San Valentín poco tiene que ver con lo que, a día de hoy, se celebra el 14 de febrero.lupercales-kjt-620x349abc

Resulta que el Día de San Valentín, Sigue leyendo

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El gladiador que murió por un error arbitral!!

Algunas de las historias que nos cuenta Hollywood nos pueden hacer pensar que la vida de los gladiadores era un brutal combate tras otro (si lograban sobrevivir), con miles de ciudadanos romanos clamando su sangre. Sin embargo, no era tan así!!

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Un mirmillon representado en el cuadro Pollice Verso, por Jean-Léon Gérôme (1872).

Los gladiadores eran considerados grandes atletas, Sigue leyendo

¡El origen pagano de la Navidad! Saturnales, Mitra y Sol Invictus

Como ya hemos visto en alguna que otra ocasión, muchas de nuestras fiestas cristianas en realidad tienen un origen pagano: los carnavales, la noche de San Juan, … En general, el cristianismo, como muchas otras religiones, para poder calar mejor entre la población hubo de asimilar algunas de las antiguas conmemoraciones paganas, incorporándolas a sus ritos.

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Nacimiento de Cristo – Fra Filippo Lippi

En cuanto a la Navidad (1), que celebra el nacimiento de Jesús y es época de regalos y celebraciones familiares, veremos que una vez mas “todos los caminos llevan a Roma”. Sigue leyendo

Disciplina y castigo en las legiones de Roma

“Un hombre que se enrola en el ejército cambia de vida por completo. Deja de ser alguien que toma sus propias decisiones y emprende una vida nueva, dejando atrás la anterior”

Así explica el escritor Artemidoro el drástico cambio de vida que experimentaba quien se convertía en legionario romano. Lo cierto es que eran muchos los que aspiraban a emprender esa carrera, pues la vida en el ejército garantizaba comida, alojamiento y un salario que, si bien no era superior al de un trabajador libre, sí tenía la ventaja de ser fijo. Además durante el servicio, el soldado podía aprender un oficio, e incluso a leer y a escribir, y recibía asimismo mejor atención médica que la media de los demás romanos. Además, confiaba en que al licenciarse recibiría una cantidad de dinero o un terreno.

Si bien, los puestos de legionario estaban reservados a los ciudadanos, los que no lo eran podían alistarse en las tropas auxiliares con la esperanza de obtener la ciudadanía al término de su servicio.

Naturalmente, había contrapartidas: el legionario debía someterse a las órdenes de los mandos, y soportar castigos corporales e incluso la pena capital sin grandes opciones de defensa. Tampoco podía casarse legalmente, aunque en la práctica muchos soldados tenían esposa e hijos no reconocidos oficialmente.

DISCIPLINA Y CASTIGO 

 La fuerza del ejército no residía exclusivamente en el armamento y la táctica, sino también en la disciplina, es decir, en la costumbre de consentir en hacer el esfuerzo que exige el superior. Los generales imponían a los soldados largas marchas, duros trabajos y muchas privaciones y castigos cuando la obediencia se relajaba. Desde su transformación en un ejército profesional, compuesto por hombres disciplinados y eficientes, las legiones de Roma fueron la punta de lanza del Imperio.

El sistema disciplinario del ejército romano ya era severo cuando las legiones se reclutaban de entre ciudadanos ricos que servían por un sentido de lealtad al estado. Cuando el ejército se convirtió en una fuerza profesional, los castigos no hicieron sino aumentar su brutalidad. Sigue leyendo

Pretorianos, protectores o verdugos!!

Quizás el cuerpo de élite más famoso conocido, la guarda pretoriana estaba compuesta por los mejores soldados a los que se remuneraba de forma muy generosa y cuya función era esencialmente la protección del emperador a quien debían lealtad hasta la muerte, pero… la muerte ¿de quién?

Y es que en numerosas ocasiones su fidelidad distó mucho de ser completa, como muestran las constantes conjuras y sublevaciones que protagonizaron hasta su desaparición en el siglo IV.  Así que, si bien de ellos dependía la seguridad personal de los emperadores, también llegó un punto en que, tal era su poder, que eras ellos los que  los proclamaban y deponían a su antojo. Sigue leyendo