En todas las casas cuecen habas, y en la de la Dinastia de los Julios-Cláudios calderadas!!!

En honor al título de este Blog toca “una de romanos”. Siguiendo la línea iniciada sobre parricidios “reales” me vino a la mente la gran obra “Yo, Claudio” de Robert Graves. En ella el protagonista, el emperador Claudio, nos cuenta las desventuras, más que aventuras, de la familia de los Julios-Claudio.

Si es cierto que la historia se repite, este bien podría ser un ejemplo de lo que ya sucedía en la antigua Roma al más mínimo indicio de sospechas de conspiraciones o traiciones. Felipe II no tendría, pues, la exclusividad sobre la “pena” a aplicar: dejar morir a un familiar!!! Una condena un tanto perversa, si se me permite.

Livila, Ara Pacis – Roma

Claudia Livia Julia, más conocida por su apodo Livila (la “pequeña Livia”) (c. 13 a.C. – 31) fue la única hija de  Druso el Mayor (hermano del emperador Tiberio) y Antonia la Menor (hija menor de Marco Antonio y Octavia), por tanto hermana de Germánico y del futuro emperador Claudio. Livila contrajo matrimonio con el hijo del emperador Tiberio, Julio Druso.

La niña padecía la misma “dolencia” que el resto del clan Julio-Claudio: la ambición desmesurada que la llevó a tramar varios complots para alcanzar sus objetivos de poder.

Los primeros años de gobierno de Tiberio fueron solo de calentamiento en cuanto a asesinatos familiares. Su hijo Julio Druso, no podía optar al trono porque se lo impedía  Germánico (hijo de su hermano mayor fallecido en combate), pero esto se solventó  oportunamente gracias a la intervención de Sejano, asesor y mano derecha del Emperador, quien, al parecer, tuvo un papel importante en el envenenamiento del sucesor legítimo.

Livila, quien siempre había sentido gran envidia hacia su cuñada  Agripina,  en conjura con Sejano, su amante, logró condenar a ésta y a sus hijos, dejando despejado la sucesión al trono. De esta familia, el único varón que se salvó fue el entonces niño, Calígula, quien después asesinaría al emperador.  Pero esa es otra historia…

Drusus minor (Museo del Prado) 01

Julio Druso (Museo del Prado)

El emperador Tiberio, en Capri, dedicado de lleno a prácticas “deprabadas”, en palabras de Suetonio y Tácito, dejó  los asuntos del imperio en manos de Sejano. Su hijo, Julio Druso, alcohólico y degenerado,  en el año 23 apareció muerto aunque nadie sospechó de que había sido envenenado. El historiador Tácito dice que “él emperador se convirtió en la persona más triste de la humanidad”.

A pesar de su desconfianza, Tiberio autorizó el matrimonio de Sejano con Livila y aún más, concedió a Sejano el consulado junto con él,  cosa que  había reservado solo para los herederos a la corona. La llegada de Tiberio a Roma en el año 31, informado de la traición cometida y de los rumores de conspiración contra él mismo, acabó con las conspiraciones del jefe del Pretorio quien fue convocado al Senado adonde acudió pensando que iba a recibir  gran parte del poder tribunicio, pero en lugar de eso fue leída una carta donde Tiberio lo acusaba de traición y daba la orden de ejecutarlo. Los historiadores antiguos coinciden en condenar a Sejano, aunque difieren en la teoría de quién manipuló a quién, si Sejano a Tiberio o Tiberio a Sejano. Según Suetonio, Sejano no fue más que un instrumento de Tiberio, la mano ejecutora en la caída de Germánico y su familia, al que el emperador eliminó cuando le dejó de ser útil. Tácito afirma, sin embargo, que el gobierno de Tiberio sufrió una degradación gradual tras la llegada de la corruptora influencia de Sejano.

Tras ello, la ex esposa de Sejano, Apicata, envió una carta a Tiberio donde denunciaba que Druso había muerto envenenado a manos de Sejano y de su esposa Livila. El copero de Julio Druso y el médico de Livila vendrían a confirmar tal acusación. Por estre crimen, Livila fue encerrada por su propia madre quien la obligó a morir de hambre. Su memoria fue maldita por el Senado y sus estatuas fueron quebradas.

JPaul Laurens The Death of Tiberius

Muerte de Tiberio, J.P. Laurens

Desde luego cuando dicen “en todas las casa cuecen habas….” y en la de los Julios-Claudios calderadas!!! Aún habría más… Afortunadamente parece que hoy día las ambiciones políticas no dan para castigos tan drásticos ¿o sí?.

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Un pensamiento en “En todas las casas cuecen habas, y en la de la Dinastia de los Julios-Cláudios calderadas!!!

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