Muerte de una Vestal.

Sí, parece que sea el título de una novela de misterio de Aghata Christie, pero no, ya me gustaría, … En realidad, no se trata de ficción, al contrario, las vestales aunque disponían de muchas prebendas e incluso de poder e influencias, también se debían a una serie de deberes muy estrictos cuya falta les podía llevar a la muerte. Pero, además, me he encontrado una anécdota que me ha sorprendido al leer el libro “Los Asesinos del Emperador” de S. Posteguillo sobre el reinado de Domiciano, el último emperador de la dinastía Flavia, quien fue asesinado y del que la historia no guarda muy buen recuerdo siendo incluso condenado a una “Damnatio memoriae” (recordemos que incluso se baraja que pudiera ser el anticristo en el apocalipsis de San Juan). Este emperador fue capaz de condenar a una Máxima Sacerdotisa vestal basándose, al parecer, en calumnias y falsas acusaciones Este es el caso que nos ocupa, pero comencemos por el principio.

Vestales

Vestales

LA DIOSA VESTA 

Desde la antigüedad más remota, incluso antes al propio origen de Roma (que según la leyenda fue fundada por Rómulo -Ab Urbe Condita– en el año 753 aC), ya se veneraba a Vesta. De hecho, en algunos mitos aparece intercediendo para evitar la ejecución de Rea Silvia, ya embarazada por el dios Marte de los gemelos Rómulo y Remo. Vesta, diosa del fuego del hogar y símbolo de la fidelidad, se correspondía con la diosa griega Hestia, y era hija de Saturno y de Ops y hermana de Júpiter. Si bien, al principio su culto era de tipo privado, gradualmente se convirtió en la protectora de Roma y, según nos cuenta Plutarco, el culto fue establecido a nivel estatal por el rey Numa Pompilio en el S. VII aC. Éste perduró hasta el final del paganismo,  en el año 391 dC, cuando el Emperador Teodosio decretara por ley que todo culto y rituales paganos quedaban prohibidos. Tras este decreto el templo de Vesta fue clausurado  y la llama sagrada fue apagada.

templo de vesta

Recreación del Templo de Vesta en el foro romano

La diosa era representada en la forma de una mujer de gran belleza que sostenía en una mano una antorcha y en la otra un cuenco votivo. Cortejada por Apolo y Neptuno, prefirió permanecer pura y virgen.

LAS VESTALES 

Sus sacerdotisas eran las virginales Vestales, cuya misión fundamental era mantener encendido el fuego sagrado en el altar del Templo de Vesta, símbolo de la seguridad y prosperidad de Roma. El fuego sólo se apagaba intencionadamente una vez al año, el último día de febrero, para ser renovado el primer día de marzo, que para los romanos era el comienzo del año, al menos hasta el 154 aC. Para la supersticiosa sociedad romana, si la llama se apagaba en cualquier otro momento, esto era considerado como vaticinio de graves tragedias. Horacio decía que mientras el Pontifex Maximus subiera al capitolio  acompañado por la “vestal silenciosa”, Roma mantendría su gloria. Por ello, cada primero de marzo, con el comienzo del año, se renovaba la ceremonia.

Pero además tenían otras tareas, entre las que destacaban las de presenciar ceremonias religiosas, purificar la tierra del Templo cada mañana con el agua extraída de una fuente dedicada a la ninfa Egeria y cuidar de reliquias religiosas. Otra tarea exclusiva de ellas -y que ningún sacerdote masculino podía realizar- como veramos, era la de preparar durante las Vestalias la mola salsa que sería utilizada en los sacrificios públicos.

1727, Vièrges antiques par Jean Raoux

1727, Vièrges antiques par Jean Raoux

Las Vestales eran una excepción en el mundo sacerdotal romano, compuesto por hombres. El número de vestales fue variando, en un principio fueron dos, luego cuatro y posteriormente seis vírgenes, aunque parece que en algún momento pudieron llegar a ser siete.  La Vestal de mayor importancia era la Virgo Vestalis Maxima y su principal tarea era la de participar en el Colegio de Pontífices. Según Tácito, la Vestalis Maxima Occia presidió el Colegio de las vestales durante 57 años. La última Suma Vestal conocida fue Coelia Concordia en el 380.

Foro - Templo Vesta

Las sacerdotisas se seleccionaban siendo niñas y debían permanecer vírgenes durante los 30 años obligatorios de permanencia al servicio de Vesta, tras este tiempo de completo celibato podían incluso casarse, aunque no solían hacerlo manteniendo de este modo sus privilegios. Cuando se producía una vacante eran elegidas directamente por el Pontifex Maximun de entre las 20 niñas, de 6 a 10 años, más perfectas de Roma. Es decir, que no podían tener ningún defecto físico o mental, debían ser hermosas y pertenecer a familias patricias, si bien esta condición se suavizó con el tiempo incluyendo otras familias de merecido rango social. Tras su elección, el Pontifex realizaba una ceremonia en el Templo de Vesta, pronunciaba las palabras: “Yo te tomo a ti, amada, para que seas una sacerdotisa de Vesta …”,  luego le eran cortados los cabellos y era suspendida de un árbol a fin de dejar claro que ya no dependía de su familia, finalmente se le ponía un velo en la cabeza y se le entregaba una lámpara encendida. Tras ello el Pontifex la cogía de la mano y era llevaba al Atrium Vestae, la casa de las Vestales, situada en el Foro tras el Templo de Vesta.

La Casa de las Vestales

La Casa de las Vestales

LAS VESTALIAS

Entre el 7 y 15 de junio se celebraban estos festejos en honor de Vesta. Era una de las festividades más esperadas y populares de Roma. El primer día de la fiesta se abría, por única vez durante el año, el penus Vestae (el sancta santorum del templo). Era la única ocasión durante el año en que otras personas, a parte de las Vestales, podían ingresar en el templo a Vesta.  Si bien, solo lo podían hacer las mujeres Romanas que fueran madres, ya que Vesta era la diosa de la familia y la pureza, y la condición de madre era fundamental para ingresar al templo.

El templo de Vesta - óleo de Constantin Hölscher, 1902Las Vestales preparaban la “Mola Salsa”, una harina salada utilizada como ofrenda en varias festividades sagradas, y con ella se hacía una especie de torta no comestible de significado religioso. Diferentes estatuas de la diosa eran transportadas por las calles principales en distintas procesiones públicas en donde las matronas romanas seguían descalzas a las Vestales y cantaban alabanzas. Como anécdota: durante esos días se coronaba a un asno (representación del que despertó a la diosa antes de ser violada) con flores y se le eximía del trabajo.

PRIVILEGIOS DE LAS VESTALES

Las Vírgenes Vestales gozaban de gran prestigio en la sociedad. Eran respetadas y adoradas por todos los ciudadanos Romanos, incluso los magistrados les cedían el paso. Entre los privilegios con los que contaban se encontraba el de ser escoltadas por los lictores cuando andaban por las calles; viajaban en un carpentum, una carro de dos ruedas cubierto. Además tenían los mejores lugares, en primera fila, en los juegos y obras teatrales. Y muy frecuentemente eran invitadas a suntuosos banquetes ofrecidos por los ciudadanos más ricos y poderosos de Roma.

Vestales decidiendo sobre la vida de un Gladiador

Vestales juzgando a un Gladiador

Las vestales además no estaban sujetas a la Patria Potestad, esto es, eran las únicas mujeres en Roma que disponían de un status similar al de los hombres romanos y podían testar aún viviendo sus padres, y disponer de sus bienes y herencia sin necesidad de tutor. Además, su veredicto era decisivo para decidir sobre la suerte de un gladiador. Eran tan veneradas, que su sola presencia por el camino de un condenado a muerte rumbo el verdugo era suficiente para que se le absolviera y se le perdonara la vida. Por último, eran las custodias de objetos sagrados valiosos como el Palladium (una veneradísima estatua de madera de la diosa Palas Atenea, la Minerva de los romanos, que se decía que había sido traída desde Troya por el héroe Eneas, quien dio origen mítico a la estirpe de los romanos), o de los testamentos de personas tan importantes como César y Marco Antonio. Todos estos privilegios hacían que, una vez pasado el tiempo obligado de sacerdocio, decidieran seguir en la orden por no renunciar a ellos.

CASTIGOS A UNA VESTAL

VESTAL AZOTADA

VESTAL AZOTADA

Pero, si una vestal incumplía su obligación o infligía sus votos, el castigo era durisimo. Como hemos visto, la tarea más importante de una Virgen Vestal era el mantenimiento y cuidado de la Llama Sagrada. Esta llama era cuidada por turnos y su pérdida era castigada incluso con la vida, aunque normalmente la vestal de guarda era azotada. Sin embargo, durante más de mil años muy pocas veces la llama se apagó. Si la llama por alguna razón se apagaba, el Senado se reunía de urgencia para aclarar las causas y una ves deliberado, el templo era expiado y, según se cree, la llama era reavivada utilizando luz solar.

En cuanto a sus votos de castidad, Inicialmente, el castigo era la lapidación; luego esta pena fue sustituida por el decapitamiento y el enterramiento en vida. Entre otros métodos de castigo también se encontraba el de latigar a la mujer hasta provocarle la muerte. Al compañero en la falta  tampoco se libraría del suplicio hasta la muerte, que solía consistir en que debían morir desnudos con la horca al cuello como los esclavos y ser fustigados hasta la muerte en el Comicio (1). Esto mismo estuvo a punto de haber pasado con Craso, uno de los hombres más ricos e fluyentes de Roma en tiempos de Augusto.

Enterramiento en Vida a una Vestal

Enterramiento en Vida a una Vestal

Fue el rey Tarquino quien idearía el castigo persuasivo más cruel: el enterramiento en vida. Así, tras el despojo de la vitta (la cinta que anudaba sus 6 trenzas, las “crinales vittae”) y demás insignias de prestigio y sus vestimentas, se maniataba a la vestal y se le ponía en un sudario como si fuera un cadáver. Tras exhibirla en el Foro, se la obligaba a bajar hasta una cripta que sería cerrada y tapada con tierra. Para prolongar este sufrimiento les dejaban algo de comida y agua, además de una lámpara y un lecho. Se suponía que así, si era inocente, Vesta podría salvarla. Afortunadamente, en más de mil años sólo se conoce de 22 Vestales castigadas por romper sus votos.

DOMICIANO Y LAS VESTALES

De estas pocas condenadas, el emperador Domiciano tuvo a bien sentenciar a algunas. En el año 87 se descubrió que algunas vestales habían roto su voto de castidad. Debido a que éstas eran consideradas hijas de Roma, el delito era considerado como incesto, por lo que el emperador condenó a muerte a los implicados en el delito y se quemó vivas a las vestales.

Así nos lo cuenta Suetonio:

“Estableció penas diferentes, pero siempre severas, contra los desordenes sacrílegos de las Vestales, sobre los que su padre y su hermano habían cerrado los ojos. Estas penas fueron primero la capital, y más adelante el suplicio ordenado por las leyes antiguas. Permitió, por ejemplo, á las hermanas Ocelata, y después de éstas á Varronila, que eligieran el género de muerte, y se limitó á desterrar á sus seductores; pero a la Gran Vetal Cornelia la hizo enterrar viva…”

Y llegamos a la muerte de la gran vestal, la Vestal Cornelia, que en época de Tito Flavio Domiciano era la Máxima Sacerdotisa de las Vestales.  Nos cuenta Plinio que El emperador, no se sabe si por movido por motivos personales o para dar ejemplo con el castigo, había decidido dar muerte a Cornelia. Así que ésta, que había sido absuelta en otra ocasión,  fue de nuevo acusada de incesto.

En el Templo de Vesta - öleo de Constantino Hölscher

En el Templo de Vesta – öleo de Constantino Hölscher

Usando su autoridad como Pontífice Máximo, convocó al resto de los pontífices a un juicio sumarísimo en su villa de Alba Longa. Declaró a Cornelia culpable sin darle ni siquiera audiencia. Una ironía, pensando que el mismo Domiciano había cometido incesto con la hija de su hermano.

En el año 91 a.C. Cornelia fue sentenciada a ser enterrada viva. Sus cómplices fueron azotados con varas hasta la muerte, en el Comicio, exceptuando un antiguo Pretor, contra el que no existía otra prueba que una declaración dudosa arrancada por la tortura, y que fue solamente desterrado.

LA ROCA TARPEYA

ROCA TARPEYA Y TIBERIO

Y como anécdota, a propósito de vestales, es obligado recordar a la vestal Tarpeia. Esta Vestal traicionó a Roma producto de la ambición y la avaricia. Cuando Roma estaba enfrentada a los Sabinos éstos la convencieron de abrirles las puertas de la ciudad a cambio de lo que ellos cargaran en sus manos. Tarpeia pensando que éstos le darían sus brazaletes de oro abrió las puertas sólo para ser aplastada por los escudos de los soldados enemigos. Después de todo fueron sinceros y sí le dieron lo que tenían en sus manos. Terminada la revuelta el cadáver de Tarpeia fue encontrado y tal era el rencor de los Romanos hacia su traidora sacerdotisa que la arrojaron desde la roca más alta de Roma. Esta roca tomaría su nombre y pasaría a la historia como el lugar de castigo para todo traidor.


Libros relacionados:
(1) Los suplicios capitales en Grecia y Roma, Cantarella, Eva.
(2) The Emperor Domitian, Jones, Brian W.
(3) Roma, Pérez Castillo, A.
(4) Vida de los doce césaresSuetonio
(5) Historia romanaDion Casio
(6) Las emperatrices romanas: sueños de púrpura y poder oculto,  Hidalgo de la Vega, Mª José. 

Otras fuentes:
Las Vestales Romanas. de Reyes, Dioses y Héroes
¿Quiénes eran las Vestales? http://www.vestal.es/
Las Vírgenes Vestales. Imperium Romanum
Enhorabuena, su hija será vestal. F. Javier Tostado

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2 pensamientos en “Muerte de una Vestal.

  1. Pingback: Martius, el mes de Marte y las Matronalia. Distintos cultos para hombres y mujeres. | "UNA DE ROMANOS"… historias que hacen Historia!!!

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