LAS NUEVE MUSAS

Galería

Esta galería contiene 1 foto

Todos relacionamos la palabra musa, que es el origen de música, para referirnos a alguien que inspira, sobre todo a los artistas. Así es, las Musas son las diosas griegas inspiradoras de las artes y de los artistas, de la … Sigue leyendo

Cascos de moda en Roma

Posiblemente el casco, junto al escudo, sea el primer “complemento” que diseñó el ser humano para hacer la guerra. Así como puñales, lanzas o flechas pudieron tener su origen en la caza, el objetivo primero de un casco no fue otro que el de la batalla.

Para construir los primeros cascos, cuyos orígenes se pierden en el principio de los tiempos, se usaban materiales que estaban a mano, en la naturaleza, como caparazones de tortuga, bambú, piel de cocodrilo, colmillos…

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Con la revolución de los metales llegarían los cascos de metal. Y naturalmente, pronto se convirtieron en símbolo de poder. Los griegos generalizaron el uso del casco entre sus tropas incluyéndolo como equipamiento de los temibles Hoplitas.

Cascos hoplitas en el Museo Arqueológico de Olimpia

Cascos hoplitas en el Museo Arqueológico de Olimpia:

Pero lo que hoy nos ocupa es conocer cómo evolucionó el diseño del casco entre las legiones romanas. La época de esplendor fue la República y, con el correr de los siglos, los tiempos de escasez se fueron notando en la calidad y vistosidad de los mismos. Los romanos no usaban el casco sólo como protección o belleza militar o, como otros pueblos, para asustar a un enemigo con formas monstruosas, sino que también servía para distinguir las clases entre un soldado y un oficial.

Holliwood nos ha dejado imágenes que no se corresponden con la realidad pues no se tienen evidencias

guadiapretoriana3Esta es la imagen que el cine se ha encargado de propalar sobre el aspecto que tenían los cascos usados por el ejército romano. Los atrezistas de Hollywood se han solido basar en los bajo-relieves de las columnas de Trajano y Antonino Pío. Pero, conviene comentar algunas cosas sobre este elegante y plumífero yelmo del que no se han hallado ningún ejemplar. Así pues, vamos a ceñirnos a las tipologías de las que sí podemos estar plenamente seguros por haber encontrado piezas que corroboran por completo su existencia. Veamos lo que nos dice la arqueología y las pruebas materiales.

Ante todo, conviene concretar que el término galea designa de forma genérica a cualquier tipo de yelmo. En el primer caso que vamos a ver, Varrón los denominaba “conus” por su morfología, obviamente cónica. Son los que actualmente se conocen como tipo Montefortino, debido a que el primero que se encontró, en el S. XIX, fue en una necrópolis celta ubicada en dicha población de la zona central de Italia, en la provincia de Fermo.

Montefortino

Coolus

Gàlaico-Imperial

 

El Montefortino sería el primer casco utilizado de manera frecuente después de los cascos de arquetipo griegos para la tropa. El casco de tipo Ático o Corintio, orientales, lo serían para los tribuni. El origen de éste casco está en el norte de la península Itálica mucho antes del siglo IV a.C.

1024px-Helmet_typ_Montefortino_01

Casco de Montefortino hallado en Carnuntum

Éste fue el modelo de casco, fabricado en bronce,  de los ejércitos consulares de la República, desde el S. IV a.C. hasta el S. I d.C.  En la parte superior tenían un soporte para el penacho de plumas de forma cónica y una decoración festoneada en los primeros modelos. Algunos solían tener unos pequeños tubos a los lados para usar como soporte de unas plumas. A los lados solían incorporar unas piezas, llamadas yugulares, que protegían las orejas y parte de la cara, si bien en algunos de los ejemplares que se conservan no hay constancia de que estuvieran provistos de estas piezas, por lo que los lados de la cara quedarían desprotegidos.

yelmo atico

Yelmo tipo ático

Hay que tener en cuenta que, en aquella época, el legionario debía costearse de su propio bolsillo todo el equipo, por lo que la uniformidad en el mismo era algo aún bastante lejano. La calidad y el nivel de decoración de estos yelmos iba pues en consonancia con el poder adquisitivo de cada cual. Además, no todos usaban este modelo, ya que otros optaban por el tipo ático, una morfología de origen helenístico cuyo aspecto podemos ver a la derecha. Si observamos la voluta que aparece repujada en el lateral, podríamos imaginar que los yelmos que aparecen en la columna de Trajano son de esa misma tipología, pero con la visera formando una pieza aparte. En cualquier caso, lo que sí parece estar claro es que el yelmo de Montefortino se impuso alrededor del siglo II a.C., siendo el mismo para toda la tropa incluyendo a los centuriones, decuriones y demás suboficiales. Solo en las zonas al sur de Roma, como la Apulia y Campania, perduró durante algún tiempo más el tipo ático.

Con las reformas llevadas a cabo por Gaio Mario a finales del siglo II a.C., se facilitó la fabricación en masa de los mismos eliminando las decoraciones ya que, desde aquel momento, el estado se hacía cargo del costo del equipo.

El Coolus sería la evolución del anterior y se utilizó en el periodo desde el siglo III a.C. hasta como mínimo el año 79 d.C. Pero esto no supuso la desaparición del modelo anterior, sino que ambos coexistieron hasta más o menos la llegada de Augusto al poder. Tienen una forma semiesférica  y un refuerzo en la parte frontal, a lo largo del mismo. También tienen una protección de cuello algo mayor que la del Montefortino y, como en el módelo anterior, una punta cónica en la parte superior como soporte para la cresta.

La cola de caballo, cresta y las plumas en los laterales posiblemente sólo se llevaran en combate, rara vez, y en los desfiles.

Cascos Imperiales

Hacia mediados del siglo I d.C., el tipo coolus dio paso a un nuevo modelo más elaborado y, lo más importante, fabricado con hierro. Esta nueva tipología, por desarrollarse estando ya establecida la monarquía con el advenimiento de Augusto al poder supremo en forma de César, ha sido denominada como imperial, estando a su vez dividida en dos subtipos: el gálico y el itálico. Se trata de yelmos concebidos para combatir parcialmente agachado, cubriéndose tras el gran escudo de los legionarios, como se deduce por sus desarrollados cubrenucas, aptos para proteger los hombros y la parte superior de la espalda.

galea-1

Estos galea gálico-imperiales e itálico-imperiales permanecieron en uso hacia el siglo III. Estos yelmos, cada vez más elaborados y complejos, fueron eliminados de la panoplia militar romana a pesar de su probada eficacia. Quizás fuera su complejo proceso de manufactura, así como la cada vez más desidiosa maquinaria estatal la que obligó al ejército a dejar de lado tan magnífico yelmo por otros mucho más básicos. El último ejemplar de este tipo del que se tiene noticia es una GALEA de bronce hallada en Nieder-Mörlen, en Alemania, y posiblemente perteneció a algún miembro de la XXX LEGIO VLPIA VICTRIX, creada por Trajano en 105 y que permaneció guardando la frontera del Rin hasta el siglo V. En la ilustración superior podemos ver una reconstrucción del este soberbio ejemplar el cual, como podemos ver, va provisto de una enorme ala trasera para proteger tanto la nuca como los hombros de su usuario.

Los gálicos, son los más conocidos, y están más decorados que los tipos anteriores con “cejas” grabadas en relieve en el acero, protección en el frontal y protección del cuello más grande y con escalones en relieve. Tenían un gancho destinado a fijar la cresta y a veces también una pieza rectangular en la parte superior con el mismo fin.

Los cascos del modelo Itálico eran muy parecidos en su forma a los de la familia Gálica pero con una gran la simplicidad de técnica y de decoración. Carecen de los relieves en forma de ceja de los modelos Gálicos. H. Russell Robinson supone que fueron construídos por herreros itálicos.  Fueron usados desde el final del siglo I hasta principios del siglo III de nuestra era. Varios modelos utilizan un sistema de fijación de la cresta basado en una pieza plana en la cimera del casco, con un orificio en forma de “T” en el cual se debe introducir y luego girar dicha cresta.

Las crestas o penachos, que tanto nos llaman la atención, parece ser que los centuriones se la ponían de través, es decir en el sentido de oreja a oreja, mientras que los legionarios la usaban en sentido de la frente a la nuca. Al menos, eso es lo que aparece en las lápidas de varios centuriones. En los cascos de tipo Imperial Gálico la cresta se puede hacer de madera, con una forma aproximadamente semicircular.

Los últimos legionarios

En la recta final del Imperio, a principios del S. II, a los cascos se les añaden una protección en forma de barras en la cimera de los cascos que protegían de los golpes de guerreros más altos. Esta evolución de los modelos anteriores recibe el nombre de Niedermormter y NiederbieberA partir del S. III, para contrarrestar las pérdidas causadas por las constantes derrotas, se adoptan modelos orientales de fabricación más barata.

ultimos_legionarios_01Por esta serie de motivos, el tipo de yelmo que se fue imponiendo durante el siglo III fue el que vemos a la izquierda, una tipología de spangenhelm. El ejemplar en concreto se encontró en Der el-Medineh y, como vemos, no tiene nada que ver con las añejas Galeae

 

 

Fuentes:

The armour of imperial Rome,  Russell Robinson (1975)

Greece and Rome at war, Connolly, Peter

La presentación de los cascos romanos en el cine, Pérez Maestre, D.M.

Prima Cohorts

Castra in Lusitania 

Cicerón y Marco Antonio !Una venganza servida muy, muy fría!!

Todos sabemos quiénes fueron CicerónMarco Antonio. Efectivamente, fueron dos de las figuras más importantes de la historia de la República Romana. Pero, ¿sabíais de dónde procedía el odio que Marco Antonio sentía hacía el orador?, ¿Diferencias políticas, lucha de poderes, enfrentamientos con César, …? Quizás fuera un origen algo más “humano”.  Veámoslo.

Publio Cornelio Léntulo, apodado “Sura”, fue un político romano que se convirtió en una de las principales figuras de la conjura de Catilina, a la que se unió en el 70 a.C. tras ser expulsado del Senado.

La primera catilinaria, Maccari, 1880. En primer plano, a la derecha de la foto, Catilina contempla mudo y aislado del resto de senadores.

Corría el año 63 a.C., uno de los más convulsos del siglo I a.C., Cicerón, ante el Senado, pronunciaba su cuarta Catilinaria,  en contra de Catilina y los conspiradores. “Sura”,  aguardaba en la oscuridad del “Tullianum”.  El ambiente era sofocante, el olor insoportable y apenas había luz. Sura había creído que la conspiración tendría éxito, así lo decían las profecías. ¡Malditos galos! Que los dioses los maldigan. Ellos habían alertado a Cicerón, y ahora, mientras el cónsul se llevaba la gloria y el reconocimiento de la Patria gracias a sus largos discursos en el Senado, él esperaba impaciente la sentencia de exilio. Pero, cuando la puerta se abrió, al ver a su carcelero, entendió que no habría exilio, el Senado había cambiado la pena. Parece que mi exilio será más duradero y lejano de lo que esperaba, pensó Sura sarcásticamente. (@laromapedia)

El 05 de diciembre del año 63 a.C., Publio Cornelio Léntulo fue ajusticiado en el “Tullianum”, la carcel reservada para los grandes hombres. Tullianum

Confiado en un vaticinio de las sibilas, que afirmaba que tres Cornelii serían gobernantes de Roma, Léntulo se creyó el sucesor de Lucio Cornelio Sila y Lucio Cornelio Cinna.

Junto a otros, planificó el asesinato de Cicerón y el incendio de Roma, pero el plan fracasó. Cicerón fue informado por unos galos, a quienes habían intentado convencer de colaborar en la trama, que los delataron. Ello llevó al arresto de los conspiradores a los que, en principio, se les condenaría al exilio.

Sin embargo, en el Senado, Cicerón empezó su convincente oratoria y, a pesar de que César propuso la cadena perpetua, Cicerón, con su cuarta y última Catalinaria, y con el apoyo de Catón, consiguió cambiar la sentencia a pena de muerte sin posibilidad de un proceso.

Cicerón había prometido a Sura que, llegado el caso, entregaría su cuerpo a su familia, sin embargo, su hijastro le acusó de negarse a entregarles el cadáver para su entierro y  nunca olvidaría esta afrenta.  Ese joven era Marco Antonio!!!.

Marco Antonio en la serie “Roma” de la HBO interpretado por James Purefoy

Pasaron 20 largos años, pero el 7 de diciembre de 43 a. C., ya convertido en triunviro, Marco Antonio ordenaría la muerte de Cicerón que ha llegado hasta nosotros gracias a las “Vidas Paralelas” de Plutarco. Éste se encontró abandonado a su suerte por el heredero de César, Octavio, a quien se había aliado en su lucha por el control de Roma pronunciando sus famosas Filipicas en contra de Marco Antonio.

Marco Antonio mandó que su cabeza y manos fueran expuestas en los rostra del Foro, al igual que en tiempos de Sila y Mario, como lección para aquellos que osaran oponerse a la voluntad de los nuevos prohombres de Roma: Marco Antonio y Julio César Octaviano. Cicerón no opuso resistencia a su ejecución, y, ofreciendo la cabeza, se limitó a pedir que se le matara con corrección.

Escalinatas de los Rostra, desde donde los lideres romanos ofrecian sus discursos, con las columnas sobre las que descansan las estatuas de los lideres de Roma.

Escalinatas de los Rostra, desde donde los lideres romanos ofrecían sus discursos, con las columnas sobre las que descansan las estatuas de los lideres de Roma.

Sacad vuestras propias conclusiones. Marco Antonio, más allá de las disputas políticas, tenía una razón de familia contra Cicerón y al final consiguió su venganza. ¿Quién no vengaría la afrenta contra un padre?…

Anécdotas:

Dión Casio narra como, la esposa de Marco Antonio, Fulvia, acudió al Foro, en donde su marido mandó exponer la cabeza y  manos de Cicerón, y para vengarse del orador por la muerte de su primer marido Clodio, en un acto supremo de humillación, se quitó un alfiler de oro con el que se sujetaba el pelo y le atravesó la lengua.

El hombre encargado de cumplir la ejecución fue Popilio Lenas, tribuno militar al que Cicerón había defendido con éxito en un caso civil años antes. Éste, orgulloso de su papel en el asesinato, erigió una estatua de sí mismo sentado al lado de la cabeza de Cicerón. Marco Antonio, alabó esta muestra, pero luego entregó  el hombre que había traicionado a Cicerón a la tribuna. (Dion Casio, XLVII.11.2)

Fuentes:

CONSPIRACIÓN. Harris, Robert (2008)

La Romapedia

Juegos de manos… una de romanos!!!

Ilustración para acompañar el reportaje de Elena Soto sobre el estudio de filólogos de la UIB y de la Universidad de Barcelona sobre la gestualidad en la Antigüedad romana.

¡TODOS LOS GESTOS LLEVAN A ROMA!

Todos, en algún momento u otro, nos hemos preguntado el por qué de los gestos. ¿De dónde surgen?, ¿Cuál es su origen?, ¿Cómo han llegado a nosotros?, ¿Por qué cruzamos los dedos deseando que algo salga bien?, etc.

Esto precisamente me sucedió a mi cuando, hace poco, una amiga cumplía años y quería dedicarle algún “regalo” especial: desvelar el origen del  famoso “tirón de orejas”. De ahí que me encontré que las Universidades de Baleares y Barcelona acababan de publicar un estudio, y de ahí la publicación “El por qué de nuestos gestos”, extraído de los textos y de la iconografía de la Antigüedad, habiéndo llegado a conclusiones muy interesantes. Los investigadores han podido documentar gestos que se han conservado a través de los tiempos y nlos han llegado con el mismo significado; otros que desaparecieron; y otros que son usado todavía pero con distinto significado.

https://i0.wp.com/www.chironweb.org/pergamon/wp-content/uploads/El-porque-de-nuestros-gestos.jpg

En el estudio, destacó un pasaje de Las metamorfosis” de Apuleyo, en la que el autor describe con todo tipo de detalles el gesto para comunicar aprobación. Se trata del mismo gesto que todavía hoy persiste entre nosotros y que consiste en mover la cabeza en sentido vertical, alternativamente hacia arriba y hacia abajo. Sin embargo, el gesto de negación no se parece en nada al utilizado (movimiento de la cabeza hacía ambos lados) sino que se realizaba echando la cabeza hacía atrás, gesto que todavía persiste en el Sur de Italia, en Sicilia y Malta, Grecia y Turquía.

Los romanos, pues, copiaron esto gestos de los griegos, así como de los Galos el de burlarse de alguien “sacando la lengua”.

Veamos algunos de los resultados de este estudio:

 LOS DEDOS Y LAS MANOS

  • BURLA CON AFRENTA. ¿Quién no conoce o ha utilizado el signo “despectivo” levantando el dedo corazón a modo de miembro viril erecto con el puño cerrado? Este gesto, el digitum impudicum, ya aparece en un texto de Marcial: “Ríete mucho, Sextilo, de quien te ha llamado afeminado y levanta el dedo de en medio”; y en un poema priapeo¿Tu también te ríes de mi, ladrón, y me muestras el dedo impúdico cuando te amenazo?”. El gesto de tocar la barba a otro, en desuso, se usaba también como una actitud de falta de respeto, burla o afrenta.
  •  PROTECCIÓN CONTRA EL MAL DE OJO.  Entre ellos se encuentra la higa o figa –cerrar el puño con el dedo pulgar entre el índice y el corazón– o la variante de cruzar los dedos corazón e índice;  y los cuernos –levantar los dedos meñique e índice con el puño cerrado–. Hoy en día se mantienen todos ellos, pero en la mayor parte de los casos han perdido su significado mágico y tienen un sentido de insulto, afrenta o se emplean como gestos obscenos.
  • CHASQUEAR LOS DEDOS. Con este gesto se llama la atención de alguien con intención de enviarle una orden.

  • GESTO PARA IMPONER SILENCIO. Acercando el dedo índice a los labios, lo describe Apuleyo: “Pero él, llevándose el índice a los labios, atónito por el miedo, dijo: Calla, calla”.
  • ENTRELAZAR LOS DEDOS Y CRUZAR LAS PIERNAS. Este gesto “maléfico, asociado al “impedimento”, aparece en un pasaje de Las Metamórfosis de Ovidio «Y cuando oyó mis gemidos, se sentó ante la puerta y, oprimiendo la rodilla izquierda con su rodilla derecha y con los dedos unidos entre sí como un peine, detuvo el parto».  En la actualidad, las normas de etiqueta desaconsejan adoptar el gesto de cruzar las piernas en determinados actos y también se considera una postura inapropiada en recintos religiosos.

LOS LABIOS. La investigación ha confirmado que los romanos eran muy besucones. Besaban mucho y de muchas formas y eh aquí algunas de los gestos que nos han llegado:

  • LANZAR UN BESO CON LA MANO. El gesto ha llegado hasta nosotros modificado, inicialmente tenía una connotación religiosa, la “adoratio” consistía en juntar los dedos índice y el pulgar, llevarlos a los labios, besarlos y lanzar el beso a las estatuas de los dioses. Hoy día, se utlizan todos los dedos y se utiliza para indicar que algo, persona o cosa, nos gusta mucho.

LOS OJOS.

  • MIRAR DE SOSLAYO. «Aquí nadie merma nuestras alegrías con miradas oblicuas» escribe el poeta latino Horacio (65 a. C.) para referirse a esa forma especial de mirar que suele expresar envidia, odio o desconfianza. Pero que, dependiendo del contexto, encierra muchos más significados, como el de señalar a alguien con disimulo o incluso interesarse por otro con un fin seductor, y que han llegado hasta nuestros días conservando prácticamente el mismo sentido que tenían hace 2.000 años.

 LAS OREJAS

Además de los dedos, las orejas son parte importante de muchos gestos, así que vamos a recordar lo que nos trajo aquí:

  • TIRAR DE LAS OREJAS. Los romanos pensaban que la memoria residía en la memoria, así parece en palabras de Plinio: “Est in aure ima memoraiae locus”. De ahí que haya llegado hasta nosotros y en los cumpleaños se da un tirón de orejas, para recordarnos el paso inexorable del tiempo o para que no vayamos perdiendo la memoria a medida que pasan los años

Sin embargo, este signo era utilizado en Roma en un contexto diferente, era la parte de un ritual utilizado en la citación de testigos a juicios: la antestatio. Así, tirando del lóbulo se le recordaba que había prometido atestiguar. El ritual era el siguiente: se le tiraba de la oreja al que había de atestiguar y se le decía “recuerda que tú serás mi testigo en esta causa”. Horacio en sus “Sátiras” así lo cuenta: «Quieres servirme de testigo. Le presentó la oreja. Y arrastra al otro al juicio».

Este mismo emblema se presenta en la antigüedad con otros significados.  Así pues, manus ab extrema aure pendere, es decir, colgar la mano del lóbulo de la oreja, significaba, si quien lo hacía era una mujer y si la oreja era del amante, que éste podía darse por enterado de que su pareja tenía una queja. Era la manera de decirle al amante: ¡Menuda me la has hecho!

 Pero no olvidemos que el gesto de “tirar de las orejas” también hace referencia a la acción por la que se insta a corregir una infracción”  tal como lo describe Séneca “Déjame hablar y me tiraré de la oreja”.

  • Otros gestos con las orejas, sin embargo, no han modificado su significado con el paso de los años, como el de TAPARSE LAS OREJAS cuando no se quiere oír lo que se está diciendo o, para expresar burla, el gesto de IMITAR LAS OREJAS DE ASNO apoyando el pulgar en la cabeza y moviendo los dedos con las palmas abiertas.

me gustaUna anécdota: El cine nos ha hecho creer como ciertas muchas de las cosas que nos ha mostrado, y qué no hay tan “tópico” el gesto de aprobación y desaprobación que suponían la vida o la muerte del gladiador vencido. Pues bien, a la luz de los textos no puede concluirse que el gesto de dirigir el pulgar hacia el suelo fuera la orden para matar al vencido. En realidad, se puede interpretar con el significado contrario: el de lanzar las espadas en señal de perdón. El gesto para expresar perdón podría haber consistido también en colocar el pulgar entre todos los otros dedos, con la mano cerrada. La orden de matar, en cambio, se expresa con un gesto, uertere pollicem , que se ha interpretado de diversas maneras: se puede tratar de dirigir el pulgar al pecho o bien de girarlo hacia el suelo.

Lo que no podían imaginar es como ese signo sería tan visible hoy en día como signo del “me gusta” de Facebook!!!!

Por último, tan solo hacerme eco de un desmentido que nos nos llega desde @Historias de la Historia en donde se desvela que la palabra “testificar”, al contrario de los que se creía, no tendría nada que ver con que los romanos se tocaran los “testiculos” cuando declaraban. Os dejo el enlace con la entrada En Roma ni se juraba ni se testificaba.

Fuentes:

El por qué de nuetros gestos, La Roma de ayer en la gestualiad de hoy.  M. Antònia Fornés Pallicer,  Mercè Puig Rodríguez-Escalona

– El Mundo 

– “Todos los gestos llevan a Roma” Elena Soto