Animales de compañía en Egipto y la Antigua Roma!

Las razones de cómo fueron domesticados los animales son inciertas y se remontan a varios miles de años, a los origines de la especie humana. Con casi toda seguridad, los animales que ahora denominamos “de compañía” fueron domesticados para colaborar con el hombre.

La verdad es que la atracción entre hombres y perros fue mutua y casi instantánea. Los primeros vestigios de coexistencia entre ambas especies datan de hace 6 mil años en tumbas antiguas de hombres enterrados al lado de sus mascotas.

Aparentemente, entre los pueblos antiguos, podría decirse que los griegos fueron los primeros en adoptar al perro, pariente del lobo, como animal de compañía. El perro ya estaba presente en las narraciones de la mitología griega. Hades, dios de los infiernos, encargó a un perro, Cerbero, la guardia de las simas abismales para evitar que los espíritus de los muertos pudieran escapar.  También Homero en la Odisea destaca la fidelidad del perro de Ulises, Argos, ya que fue el único que reconoció a su amo cuando regresó a su patria con ropaje de vagabundo tras una larga ausencia.

MASCOTAS EN EL ANTIGUO EGIPCIO

Los antiguos egipcios destacaron por tener numerosos animales de compañía y por el particular afecto que sentían por ellos. El célebre historiador griego Heródoto de Halicarnaso, que visitó Egipto a mediads del siglo V a.C., subrayó que “los animales domésticos eran abundantes” y dio testimonio de la gran desolación que la muerte de una mascota producía entre los habitantes de la casa; éstos se depilaban las cejas en signo de aflicción cuando moría su gato, y se afeitab todo el cuerpo, incluida la cabeza, si el que moría era un perro.

Los egipcios se hacían representar junto a sus mascotas en los muros de sus tumbas, en las estelas funerarias y en los sarcófagos, lo que aseguraba que el dueño y el animal que él quería, así representados, siguieran gozando de la mutua compañía en el Más Allá.

Las mascotas de los antiguos egipcios eran básicamente tres: perros, gatos y monos.

  • Para los egipcios, el perro (en egipcio antiguo iu, o también tyesem),  ya era el mejor amigo del hombre, el compañero más fiel en la casa y también el mejor camarada en la caza. El perro domesticado entraba en la casa y caminaba libremente por toda ella, acomodándose bajo las sillas para comer, dormir o descansar cerca de sus cuidadores. Estaba prohibido matarlos bajo pena de muerte. Su dios Anubis se representaba como un hombre con cabeza de perro, cuyo cometido era ser el conductor de las almas al reino de las sombras.

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    Los perros lebreros ayudaban a sus amos a cazar leones, antílopes y órices. En la imagen, Tutankhamón cazando acompañado de su perro. abanico. Museo Egipcio, El Cairo.

  • El gato, que los antiguos egipcios denominaban miu,  era  considerado como inmortal y objeto de culto divino. Eran eficaces cazadores de ratones, serpientes y otros animales poco deseados en hogares y graneros. El gato se convertiría en la mascota favorita de algunos miembros de la realeza: el príncipe Tutmosis, primogénito de Amenhotep III mandó elaborar un magnífico sarcófago de piedra con bellos relieves e inscripciones para su querida gata Tamit.
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Los gatos estuvieron presentes en distintos ámbitos en el antiguo Egipto, desde el doméstico hasta el religioso. Óleo por Edwin Long. 1878.

  • También el mono (en egipcio antiguo ky) y el babuino (ian) eran criados como animales domésticos. En el repertorio decorativo de las tumbas, los encontramos trepando a palmeras e higueras para ayudar a recolectar los frutos que estaban más altos. Aparecen asimismo representados debajo de la silla de sus dueños, a menudo adornados con collares y brazaletes. Ya desde el Imperio Antiguo, el mono consiguió el afecto del hombre y tuvo acceso a la casa, donde convivía con el perro y el resto de animales domésticos. Divertía a la gente con sus gestos y acrobacias, y, en definitiva, sabía hacer pasar el tiempo de manera agradable.

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    Tumba de Tutankamón: Mural de los 12 monos, símbolo de las 12 horas nocturnas que debía transitar el monarca antes de renacer.

Las mascotas vivían cerca de sus amos y cuando morían eran esmeradamente momificadas, se colocaba dentro de un ataúd o de un sarcófago y se enterraba cerca de quienes habían sido sus dueños, e incluso algunos han aparecido dentro del propio sarcófago del dueño del animal: se han encontrado perros cuidadosamente momificados y acurrucados a los pies de sus amos. Quizás en vida la mascota y su dueño dormían juntos y el propietario deseaba continuar haciéndolo durante su vida de ultratumba.

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Momias de gatos – Brittish Museum

MASCOTAS EN LA ANTIGUA ROMA 

Aunque la vida doméstica de los romanos no era del agrado de los historiadores antiguos, por lo que sabemos poco sobre juguetes, mascotas o juegos de los más pequeños, no obstante sabemos que las mascotas eran habituales y, tanto entonces como ahora, era el perro, con diferencia, el primero en los gustos de los romanos.

Si bien, en la antigua Roma la figura del perro tuvo diversas funciones. Por un lado, se les utilizaba en espectáculos populares y en los grandes circos, donde combatía con poderosos osos, tigres y leones, para ello se utilizaban perros molosos que eran una raza con fuerte musculatura. Este mastín se constituyó en el fiel compañero del gladiador y del legionario.

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Grabado del archivo de la Fundación Aurora. Representa una famosa lucha entre un elefante, un león y un perro de guerra, de la que el perro quedó vencedor.

Por otro lado, también, eran muy apreciados en las cacerías, teniendo una preferencia especial por los galgos;  El erudito escritor romano, Varrón (116-27 a.d.C). menciona en su obra didáctica varios consejos a la hora de adquirir perros para ser utilizados en labores de pastoreo:

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Escena de caza

“…no educarlos con cazadores, sino con un pastor porque podían atacar al ganado y los entrenados por los cazadores, al ver una liebre o un zorro los relacionaban con la caza y abandonaban a los animales en persecución de sus presas”.

Pero, a finales del periodo republicano, se puso de moda entre las clases más acomodadas la tenencia de perros con la finalidad de que sirvieran de guardianes del hogar. Así encontramos representados en mosaicos como estos perros “de compañía” servían de advertencia a los intrusos. Eran representados con la frase “Cave canem” Nuestro ¡Cuidado con el perro!

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Mosaico en la puerta de entrada a la casa llamada “del poeta trágico”, en Pompeya. Era algo común que al entrar en una casa se viera la inscripción : «Cave canem»

En una sociedad tan refinada como llegó a ser la romana, también el perro llegó a ser una compañía muy querida. La descripción que el poeta romano Marco Valerio Marcial hace de la perra de su amigo Publio, Issa, lo refleja con claridad. Dice Marcial:

“Issa es más pura que un beso de paloma, más cariñosa que todas las muchachas, más preciosa que las perlas de la India… Para que su última hora no se la llevara del todo, Publio reprodujo su imagen en un cuadro en el que verás una Issa tan parecida que ni siquiera la misma Issa se parecía tanto a sí misma”.

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Estatua de un niño luchando con un ganso tan grande como él. En realidad es la copia romana de un original griego en bronce del siglo II aC atribuida a Boethus que se guarda en la Gliptoteca de Múnich.

Los Gansos “del Capitolio” 

La plebe generalmente con escasos recursos económicos, no se podía permitir este tipo de animales guardianes, así que se tenia que conformar con los gansos (ocas). También se conocían los monos, pero no podían haber sido frecuentes.

Por extraño que nos pueda parecer, fueron unos gansos los protagonistas de un heroico acto de defensa en Roma. Según la leyenda, los graznidos que emitieron estos animales cuando la ciudad fue atacada de noche por los galos en el siglo IV a.d.C, alertó a los soldados romanos, evitando que ésta cayera a manos del enemigo.

Ya en el siglo I comenzaría a conocerse el gato doméstico y los pájaros eran muy habituales en los hogares romanos. Así, además de las palomas y los pajaritos que son familiares entre nosotros, se habla de patos, cuervos y codornices como mascotas de los niños romanos.

 

PERROS Y GATOS EN LA GUERRA 

Pero no todo eran carantoñas, pues además de cazadores y animales de compañia, los romanos fueron los primeros en la antigüedad en utilizar perros para la guerra.  Los“perros soldados”, como los llamaos  Polieno, que cumplían misiones de defensa, ataque y enlace, utilizados por los romanos fueron los “molosos” descendientes de los dogos asirios (1). Fueron utilizados primero en el circo y luego en los ejércitos.

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Bajorrelieve Asirio 4000 a.c

Los soldados romanos quedaron sorprendidos por éstos, dotados de una impresionante musculatura y una férrea mandíbula de acero que una vez cerrada no desprendía la presa, y los denominaron con el nombre de Canis pugnances”.  Se les utilizó como combatientes y  se les procuraba entrenamiento de soldados. Este moloso se caracterizaba por su extrema fiereza y causaba terror en las descuidadas tropas de infantería, siendo llevado al campo de batalla en jaurías de varias decenas por unidades especiales de la legión romana. Podía llegar a pesar entre 60 y 80 kg y saltar para desgarrar y destrozar el cuello del enemigo.

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Se les cubría con una protección de placas de cuero para protegerse de las flechas y casquetes del mismo material; se les adosaban recipientes con fuego y los enviaban a entremezclarse con la multitud creando incendios. También se les colocaba un tipo de coraza que llevaba cuchillas que producían heridas cortantes en los enemigos y en sus caballos y portaban collares de cuero con púas metálicas de aspecto cónico. En el caso de que el animal fuera utilizado como “enlace”, al can se le avecinaba un destino final trágico, ya que se le hacía ingerir un tubo de cobre que en su interior contenía un mensaje. Cuando el perro llegaba a su destino se le destripaba para recuperar la información.

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Gato de un mosaico perteneciente a una casa pompeyana

Pero los ejércitos del Águila también llevaban gatos. El objetivo era que, como había muchos ratones en los campamentos y cuarteles de invierno, los felinos se los comían. Además de que, tras el paso por Egipto, por su vinculación con Isis, era considerado el gato un animal que simbolizaba la victoria.

EMPERADORES Y SUS “EXCÉNTRICAS” MASCOTAS 

Aunque no fue emperador, Julio César tuvo como mascota a una jirafa. En efecto, fue César quien introdujo la primera jirafa en Europa traída de sus campañas en Asia Menor y Egipto donde conoció a Cleopatra. Sin tener claro qué animal era, los romanos la bautizaron cameleopardo, un cruce entre camello y leopardo, convirtiéndose en el nombre científico que se utiliza hasta hoy.

Augusto, el primer emperador,  puso de moda los cuervos y los periquitos; el segundo emperador, Tiberio, quien reinaba cuando se procesó a Cristo, tenía una serpiente que alimentaba con su propia mano.

Lo de Calígula con su caballo Incitatus, a quien nombró Cónsul, fue sumamente extravagante. Le vestía con mantas púrpuras (color propio de la familia imperial), su cuadra estaba decorada con mármol y perlas, le tocaban los músicos, y cuando iban huéspedes a cenar, el jamelgo, y no su amo, era designado anfitrión. Comía copos de avena mezclados con suaves y delgadísimas escamas de oro.

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Escultura ecuestre de mármol del emperador Cayo Calígula – Brittish Museum

Claudio, quien gobernó el Imperio del año 41 al 54, quedó profundamente impresionado con la bravura de los perros tipo pugnace britanniae. Estos animales eran utilizados por las legiones para desarmar las primeras líneas de batalla de los ejércitos enemigos tras la conquista de Britania. Así que el emperador, decidió enviar varios de ellos a Roma para que fuesen utilizados en los espectáculos gladiatorios. Y Nerón poseía una pantera llamada Febea.

Otros emperadores  se permitieron ciertas extravagancias  como Domiciano, quien reinó en Roma entre el 81 y el año 96,  y tuvo un león como mascota, al igual que Caracalla ya en el siglo III, quien supuestamente también domesticó a una de estas fieras.

Otro emperador, Valentiniano, tenía dos osas enjauladas junto a su dormitorio. Una se llamaba “Inofensiva” y otra “Lentejuela dorada”. A la primera la devolvió a los bosques por sus muchos méritos.

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El relato sobre Honorio y su gallina inspiró el cuadro de John Williams Waterhouse: Los favoritos del emperador Honorio

El historiador bizantino Procopio recogió la siguiente anécdota (probablemente falsa según Gibbon). Honorio poseía una gallina faraona a la que llamaba “Roma”. Cuando la ciudad fue saqueada por los godos de Alarico, el eunuco que estaba a cargo de la gallina corrió a anunciarle el fin de Roma al emperador, pero este entendió que hablaba del animal y se disgustó. Honorio repuso que cómo podía ser que hubiera fenecido Roma si acababa de darle de comer. Cuando el criado le explicó que la gallina estaba a salvo, que era la ciudad eterna la que se hallaba en peligro, Honorio suspiró aliviado. Tan grande, dicen, fue la locura con la que estaba poseído este emperador. Corría el año 410.

NOTAS 

1- El término moloso proviene de una región de Grecia, Molosia, perteneciente al reino de Epiro. Los molosos son los ancestros de los actuales perros como el Mastín, el Dogo, el Mastín Tibetano, el Corso francés e italiano y el Presa Canario Español,… etc.

BIBLIOGRAFÍA

El Bajo Imperio Romano, Averil Cameron, 1993 Ediciones Encuentro
Historia de Roma; Indro Montanelli

WEBGRAFÍA 

National GeographicLos animales de compañía en el Antiguo Egipto.
Arquehistoria, perros y mascotas en la Antigua Roma. 
Paseando por la HistoriaAnimales de compañía en la Historia El Rol del Perro, Antigüedad y actualidad.
La Túnica de Neso«Julio César tenía una jirafa de mascota y usaba perros para luchar en sus legiones» 
ABC; entrevista a la historiadora María Lara
Los Perros Romanos 

 

Cleopatra y la cena más cara de la Historia!

“El banquete de Cleopatra” Localización: National Gallery of Victoria. Melbourne Autor: Giovanni Battista Tiepolode Tiepolo (1744)

“El banquete de Cleopatra” Localización: National Gallery of Victoria. Melbourne Autor: Giovanni Battista Tiepolode Tiepolo (1744)

Algunos se atreven a decir que esta cena fue la más cara de la historia y con las cifras que vamos a tratar, no es en absoluto descartable si, sobre todo, tenemos en cuenta que el momento más importante de la velada tuvo solamente una comensal. Hablamos de la particular cita entre Cleopatra VII, la última reina del Antiguo Egipto, y Marco Antonio, uno de los romanos más importantes y quien  fuera lugarteniente de  Julio César. El valor de esta cena, que ha sido reproducida en varias pinturas, ascendió a diez millones de sestercios, lo que equivaldría a unos 15 millones de nuestros euros. Todo comenzó con una apuesta, pero veamos como sucedieron los hechos. Sigue leyendo

AL GRITO DE “TENEMOS HAMBRE” SE INICIÓ LA PRIMERA HUELGA DE LA HISTORIA

El  Papiro de la huelga da testimonio de un hecho insólito en el Egipto faraónico. El escriba Amennajet nos narra de manera concisa, en un tono impersonal, una conducta inaudita adoptada por unanimidad por los obreros de la Tumba del Faraón debido a las malas condiciones laborales existentes.

¡La primera huelga de la historia comenzaba!

“Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes… hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni aceite, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al Horus, nuestro buen señor, y al Tjaty, nuestro jefe. ¡Que nos den nuestro sustento!”

Para comprender cómo fue posible que los siervos del Faraón se atrevieran a sublevarse es mejor que vayamos por partes:

1- CONTEXTO HISTÓRICO – DECADENCIA del Reino.

Ramses III-Templo de Karnak (Luxor)

Corría el año 1166 a.C. en que Egipto estaba gobernado por el faraón Ramsés III de la XX Dinastía, nieto de Ramsés II “el Grande”. El Faraón, tras 29 años de reinado y con 62 años de edad, dominaba un Egipto que, pese a ser todavía un país rico y poderoso, se encontraba sumergido en los comienzos de  una época de decadencia derivada de diversos problemas endémicos y coyunturales:

  • Por un lado, en el plano militar, Egipto hubo de contener el ataque de “los pueblos del norte y del Mar” así como dos intentos de invasión libia, lo que ocasionó que las arcas del estado estuvieran muy maltrechas.
  • Las monumentales obras de las tumbas de los reyes absorbían una parte considerable del potencial de trabajo y la capacidad organizativa de la población egipcia, lo cual tuvo como consecuencia un descomunal crecimiento de la burocracia así como de la demanda de bienes de consumo que no podía ser satisfecha.
  •  Junto a ello, la corrupción y la mala administración de los recursos debilitaban  aún más la economía del país, ya afectada por las monumentales tumbas en el Valle de los Reyes.

Todo ello llevó la situación límite hasta el extremo que, de hecho, el reinado y la vida de Ramsés III, terminarían con una conjura en su harén, en la que tomarían parte su esposa e importantes funcionarios políticos.

La decadencia se acentuó con sus sucesores (8 faraones en 90 años) iniciandose el Tercer Período Intermedio.

2- SITUACIÓN DE LOS TRABAJADORES EN EL ANTIGUO EGIPTO – “DERECHOS SALARIALES”

El concepto que hoy en día tenemos del derecho del trabajo no tiene nada que ver con la situación de los trabajadores de aquellas épocas. Debemos recordar que la historia del Egipto Antiguo corresponde a un período comprendido de más de 3.000 años, desde alrededor del 3150 a. C. a el 31 a. C. (con la conquista del Imperio romano) durante el cual Egipto tuvo periodos de esplendor y otros de absoluta oscuridad.

En la base de la prestación de trabajo no solo estaban la economía agraria y ganadera. La civilización egipcia alcanzó tales grados de sofisticación y progreso que hicieron precisar de una ingente logística: extracción de piedra en las canteras, talleres metalúrgicos, manufacturas de armas y equipamiento militar, vestidos y manutención,  construcción de barcos…

Y, en especial, el Faraón, Horus, necesitaba realizar importantes obras, tales como la mansión real y su tumba.  Los súbditos estaban obligados a cumplir sus deseos. Y, a su vez, El Faraon, para mantener el Maat, debía alimentar al trabajador.

Esta obligación de trabajo incluía no solo las tumbas de reyes, reinas y señores, sino en la construcción de templos, fortalezas y palacios, la re-hechura de canales por la inundación, el laboreo de tierras y cuidado de animales de los templos y la prestación de un servicio al ejercito cuando era menester.

En definitiva, aunque el cine y la literatura nos han mostrado las ingentes cantidades de esclavos que las obras faraónicas necesitaban, lo cierto es que, independientemente de su existencia, había muchos trabajadores libres que prestaban su trabajo “a cambio de un salario en especie” para su mantenimiento y el de su familia.

Los obreros de Deir El-Medina

Durante los Imperios Antiguo y Medio los reyes egipcios se enterraron en pirámides construidas en la parte norte del país, cerca de Menfis, que era la capital. Pero, en este periodo, hacía ya más de 600 años que las pirámides se habían dejado de construir. En su lugar, los faraones prefirieron construir sus tumbas en los llamados hipogeos, localizados en zonas más escondidas y de acceso más restringido, fáciles de vigilar y, por tanto, más protegidas de los saqueadores de tumbas.

Es en el Valle de los Reyes, el enterramiento de estas características más conocido, se encuentran las tumbas de la mayoría de los faraones del Reino Nuevo, es decir, de las dinastías XVIII, XIX y XX.

Todos los obreros, artesanos y escribas encargados de los trabajos en la tumba del faraón, estaban alojados en la aldea de Deir el-Medina junto con sus familias. El poblado albergaba las viviendas, las capillas y las tumbas de los propios obreros. Había albañiles, canteros, pintores, tallistas de relieves y escultores. Se calcula que en las más de setenta casas vivieron unos 120 trabajadores con sus esposas e hijos.

Set Maat “El lugar de la Verdad”: ruinas del poblado de artesanos, actualmente Deir el-Medina

Todo el trabajo estaba supervisado por el visir “Tjaty” que visitaba la zona en algunas ocasiones o enviaba un delegado real para inspeccionar los trabajos.

Su salario, que se entrega a principios de la semana de trabajo, consistía en pan, cerveza, granos, dátiles, frutas  y verduras, agua potable, carnes y pescados en fiestas señaladas, y combustible, vajilla, vestido y calzado para cubrir las necesidades de la familia.  El salario medio de un día del trabajador era de 10 hogazas de pan y una medida de cerveza (2,5 jarras),  mientras que el de especialista muy capacitado podía llegar a 400 panes que podían ser cambiados por otros alimentos, vestidos, mobiliario, etc. Los capataces y los escribas recibían 72 sacos (de unos 76 litros cada uno) de cereales al mes y el resto de trabajadores 52 sacos.

Escriba egipcio – Museo del Louvre (Paris)

3-¿QUÉ PASÓ?

Como se ha dicho, el relato de los acontecimientos nos ha llegado gracias a el denominado “Papiro de la Huelga” conservado en el Museo Egizio de Turín.  Por él sabemos que los trabajadores, nada menos que de la tumba del faraón, protagonizaron un hecho al parecer sin precedentes (al menos no hay constancia de nada parecido en fechas anteriores, ni en Egipto, ni en ninguna otra civilización): Se pusieron en huelga.

Al parecer, todo comenzó por el manejo corrupto de los administradores, dirigidos por el Haty de Tebas[i], que tenía la obligación de distribuir el salario en especie a los trabajadores, retrasando las entregas y disminuyendo las raciones por más de 20 días (2 semanas laborales en el cómputo egipcio), lo que supuso un gran descontento.Así, en un ostracón encontrado en la aldea se puede leer:

“Comunico a mi señor que estoy trabajando en las tumbas de los príncipes cuya construcción mi señor me ha encargado. Estoy trabajando bien… No soy en absoluto negligente. Comunico a mi señor que estamos completamente empobrecidos… Se nos ha quitado un saco y medio de cebada para darnos un saco y medio de basura”. (ostracón nº 10.663 de Berlín).

Aunque inicialmente se solucionó, a los 3 ó 4 meses volvió a ocurrir lo mismo. De nuevo, los trabajadores reclamaron su salario, pero les fue entregado muy disminuido. Esto trajo como consecuencia que “Equipo de trabajadores de la Tumba”, tomara una firme decisión: Dejar de trabajar y  dirigirse en masa al templo de , para hacer valer sus quejas y que fuesen trasladadas al Horus [ii].

Según se lee en el Papiro, y en uno de los ostraca encontrados en Deir el-Medina (guardados en los museos de El Cairo, Berlín y otras ciudades), la huelga comenzó el día 10 del mes de Peret en el año 29 de Ramsés III debido al retraso de una paga “distraída” por el Gobernador (Haty) de Tebas Oeste.

“Año 29, segundo mes de la segunda estación, día 10. Este día el bando cruzó los cinco muros de la necrópolis, gritando: ¡Tenemos hambre!’ (…) y se sentaron a espaldas del templo” de Thutmose III en el límite de los campos cultivados. Los tres interventores y sus ayudantes fueron a instarles que volviesen al recinto de la necrópolis, e hicieron grandes promesas…”¡Podéis venir, porque tenemos la promesa del Faraón”

Templo de Thutmose III, en Medinet Habu

El tesoro real se abrió, y se les entregaron las raciones del mes anterior, pero los trabajadores pidieron también la paga del mes corrientete y, finalmente, al octavo día de huelga, les fueron entregadas las raciones del mes.
Hasta 3 veces se repitió la huelga hasta que consiguieron (con motivo de la visita del Visir TA)  que les fueran entregadas las raciones completas. Tras ello, se les amenazó a no volver a manifestarse bajo pena de ser castigados.
La situación de las siguientes generaciones, es decir, en toda la época ramésida, no mejoró, y los obreros tuvieron que volver a movilizarse. A veces los paros duraban solo días, otras semanas e incluso meses. Casi siempre eran por motivos económicos y no por las condiciones de trabajo. Las últimas noticias de estas movilizaciones son del reinado de Ramsés XI, poco antes de desaparecer esta aldea de trabajadores.

Hoy en día, la Huelga es un derecho recogido en todas las Constituciones de los Países democráticos… Y si bien este movimiento nace en el S. XIX con la Revolución Industrial, como hemos visto, hace más de 3.000 años un grupo de hombres tuvieron el valor de enfrentarse a nada menos que  “El Faraón”, su dios,  para reclamar sus derechos!!!


[i] La corruptela de retrasar y disminuir el pago del salario se hizo bajo la indiferencia o, incluso, participación activa del Haty (Gobernador ó Alcalde del Nomo). Por encima de esa autoridad sólo estaba el Tjaty y por encima de éste, el Horus.

[ii] Al ser el cumplimiento del salario-manutención es la primera y vital obligación del dios por ello los trabajadores se dirigieron al templo de Thutmose III porque, casi con toda seguridad los sacerdotes y escribas del templo tenían la obligación de canalizar el reparto a través del censo que tenían de los obreros.

 ENLACES Y BIBLIOGRAFÍA

http://www.egiptologia.com/sociedad-tecnica-y-cultura/2581-el-derecho-del-trabajo-en-el-antiguo-egipto.html

http://www.egiptologia.com/egipto-para-ninos/47-historia/215-el-valle-de-los-reyes.html

http://suite101.net/article/la-primera-huelga-documentada-de-la-historia-en-egipto-a19899

http://www.egiptomania.com/historia/huelga.htm

http://alfon-lavidadesdeellago.blogspot.com.es/2010/07/la-primera-huelga-de-la-historia.html

http://paleorama.wordpress.com/2010/11/16/ano-1166-a-c-la-primera-huelga-de-la-historia/

Ramos Pérez-Olivares,Alfredo.  Aproximación histórica a la huelga en la España preconstitucional; “S A B E R E S” Revista de estudios jurídicos, económicos y sociales VOLUMEN 4 ~ AÑO 2009 URL:http://www.uax.es/publicaciones/archivos/SABDER09_003.pdf

Parra, J. M. La primera huelga de la historia, en el Egipto de Rameses III. En: “Historia y Vida”. Julio de 1997.